18 de marzo de 2018
18.03.2018

El borrianense que escribió «versets» a la Panderola

18.03.2018 | 12:16

Como es bien sabido, el intento de realizar una «plantà» en la ciudad de Castelló fue flor de un día en los felices años 20. El Ave Fénix de la noche de Sant Josep que arraigó en Borriana (y más tarde en Benicarló), en la capital del Riu Sec nunca renació de las cenizas que quedaron esparcidas en la Porta del Sol. A pesar de aquel fracaso, el espíritu que inspira la sátira de los «ninots» de cartón piedra y los «versets» que los acompañan, cobraron vida en Castelló en la persona de Enric Sellés Llàcer. Este borrianense, un funcionario de la oficina que regulaba las exportaciones de cítricos, vino a trasplantar el arte de los ripios, allá por los años 50. También se prodigó en su faceta de dibujante y desplegó sobre el papel todo su ingenio, ironía y crítica, dentro de lo que permitía la dictadura franquista.

Por aquel entonces, en el mismo año 1963 del «llibret de falla» mexicano, la ciudad de Castelló vivía un episodio trascendental en su historia reciente: él último viaje de la Panderola, el tren a vapor del Grau a Onda que circuló por su vía estrecha desde 1888. Y qué podía resultar más eficaz para explicar este acontecimiento urbano que la composición de versos satíricos para conjurar las mil anécdotas referidas al caso. En València, claro está, un asunto de esta importancia lo habrían resuelto con una falla, pero en Castelló, las gaiatas son acríticas. Ante semejante panorama, las rimas de Sellés vinieron a llenar el vacío insoportable de tanta orfandad burlesca.

El primero de los «versets», que recuerda Ferran Sanchis, hacía alusión a la falta de confort e higiene de los vagones de nuestro ferrocarril, y rezaba así: «En el temps del detergent/ de la Panderola fuig la gent». Otro, aunque escatológico, reflejaba muy bien el aprecio por este medio de transporte comarcal y decía: «Una agüela, més que agüela/que d´agüela no podia anar/ se´n pujà a la Panderola/ i de gust se va pixar». Y todavía un tercero; este introducía una crítica velada hacia los responsables que tomaron la decisión de suprimir el servicio: «Encara que una corona/ a simple vista parega/ és menjar que desitgem/ als qui per desídia han fet/ que la Panderola desaparega». Sin duda, Sellés, el fallero transplantado, hacía alusión a que la corona mortuoria, en vez de ser de laurel, tendría que haber sido de alfalfa, la comida de los burros.

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