Juan Francisco Roca, El Ejido
enviado especial
Ayer en El Ejido, un grave error en los primeros compases del partido fue suficiente para condenar a los castellonenses a una nueva derrota y a engrosar la racha de desatinos ya que sólo se ha ganado un partido de los ocho primeros y eso obliga a la cúspide del club a dar un puñetazo encima de la mesa y a cantar las cuarenta a quien se las tenga que cantar.
De seguir así, con un juego ramplón, voluntario, pero sin pegada, en las próximas jornadas Pepe Moré y sus muchachos se verán con la triste situación de la pasada campaña donde la nave se fue al garete lentamente y se volvió a las andadas de pelear por no descender. Ayer el rival era de los que tenía que pasar por el aro, pero al final se perdió por la mínima fallando goles incomprensibles.
Los albinegros cometieron un imperdonable error a las primeras de cambio, que les costó irse al descanso con desventaja en el marcador, pero luego poco a poco se rehicieron y acabaron perdonando demasiadas oportunidades en las inmediaciones de la portería local. A la postre, lo que valió fue el gol del veterano atacante Toedtli cuando apenas se habías disputado cinco minutos.
Fue un jarro de agua fría. Un mazazo que dejó noqueado durante muchos minutos a un Castellón muy endeble y demasiado vulnerable por el carril izquierdo, y atrás el eje de la zaga se complicaba demasiado la vida a la hora de patear el cuero. De ahí que los veinte primeros minutos fueran un acoso celeste, de los muchachos de Luis César Sampedro. Los representantes de la capital de La Plana estuvieron a verlas venir.
Una vez calmado el ímpetu de los ejidenses, el conjunto de Pepe Moré empezó a poder tocar el balón, a buscar las bandas y a intentar sortear al rival, que tampoco era la octava maravilla futbolística. Perico se fue entonando por la izquierda. Se gustó y de sus piernas salieron las mejores ocasiones del gol. El Poli Ejido dejó de dar señales de vida y fue, en el último cuarto de hora, cuando se vio la mejor versión castellonense.
Control sobre Mario
Mario Rosas, muy intermitente, apenas pudo sacar su magisterio. Estuvo muy controlado de cerca. El malagueño tuvo que repartir balones a las bandas. En la derecha Manuel Arana no acabó de estar entonado hasta el segundo acto, justificado por los dos meses y medio de inactividad, pero por la izquierda, como hemos destacado, Perico sí que se apareció, centró y remató con cierto desparpajo. La mejor ocasión del Castellón quedó registrada en el minuto 40, al filo del descanso, cuando el mencionado Perico logró controlar un balón en el carril izquierdo, avanzar unos metros y mientras miraba como el portero local Álvaro Iglesias se encontraba muy adelantado, lanzó a las primeras de cambio y el balón, que se le escurrió de las manos al arquero, mansamente se incrustaba al fondo de la red apareció el central Cristian Castell el que sacó el cuero a escasos dos palmos de la línea de gol.
Así que con las orejas gachas se marchó el equipo orellut al vestuario con el amargo sabor de boca y jurando en arameo porque por ocasiones de gol se mereció un mejor resultado, aunque por juego exhibido sobre el terreno de juego posiblemente ambas escuadras merecieron irse con una derrota en la espalda, pero eso, hoy por hoy, es imposible.
El Castellón estaba obligado a reanudar la segunda parte tal y como terminó la primera: mostrando sus intenciones. De salida, no fue un equipo tan entero. Los andaluces adelantaron sus líneas y neutralizaron cualquier atisbo de reacción foránea. El mediapunta local Mario Bermejo tuvo el 2-0 en sus botas tras un inoportuno resbalón de Dealbert, pero su disparo milagrosamente acabó en las manos de Carlos Sánchez.
Pepe Moré se mostró firme y optó por no mover el banquillo, a pesar de que en la banqueta contraria el preparador gallego Sampedro, que en el minuto 56 retiró del campo al delantero centro Toedtli y sacó a otro defensa: Rodri. Moré no movió ficha hasta el minuto 66 cuando retiró a un desaparecido Baigorri y dio entrada al argentino Oberman. El técnico arriesgó con una defensa de tres y un centro del campo más poblado.
Manolo Arana tuvo el gol de igualada en sus botas en el minuto 67 después de una acción de Perico desde el carril izquierdo. El sevillano empaló mal el balón porque de lo que pudo ser el 1-1 acabó con el cuero a las nubes. Luego llegaron más cambios y un cronómetro que no corría, sino que volaba en contra de los intereses de un Castellón que sí, efectivamente, perdió con las botas puestas, buscando la igualada hasta el último suspiro, pero son tantas las derrotas por la mínima que tendría que llevar a estudiar la situación a los que realmente manda en este club.