Juan Francisco Roca, Elche.
enviado especial
Ahora que está tan de moda eso de incluir extras y finales alternativos en las películas, para esta crónica del partido de ayer que enfrentó al CD Castellón frente al Elche CF en el estadio Martínez Valero, también le vamos a poner dos opciones para que cada cual se quede con la que quiera ver. Esas películas que ya traen el final a gusto del espectador/consumidor, que ofrece la posibilidad de que triunfen los malos, o que sea el bueno el que se acabe casando con la guapa de turno y que se vaya a vivir a la mansión más lujosa de toda la ciudad.
Si usted, lector, es de los optimistas y de los que creen que la mala suerte puede condenar a un equipo, le recomendaremos esta versión. El CD Castellón repitió ayer en Elche la misma historia de los últimos encuentros. Si es de los pesimistas es porque ya ha visto esta película, y sabe el final que tendrá este largometraje. Agárrense que vienen curvas, como diría aquel. Si no quería emociones especiales, si pensaba que la temporada iba a ser tranquila y sin sobresaltos? no. Estaba usted equivocado. Abróchese el cinturón y sea bienvenido a la montaña rusa albinegra.
Un despiste echó al garete el partido en la primera parte. Una discutida falta de Pol Bueso se sacó en corto para que el interior diestro local Raúl Martín se inventara una preciosa vaselina que, dicho sea de paso, se encontró con la complicidad del guardameta Carlos Sánchez. El arquero estaba muy adelantado, voló, se esforzó, pero su estampa sólo quedó para la fotografía. El balón besó la red. Se incrustó al fondo de la portería. Era el minuto veinte. Había tiempo por delante, pero las sensaciones exhibidas no invitaban al optimismo.
Y eso que la defensa en esta ocasión anduvo bien servida y los laterales no hacían aguas por doquier como semanas atrás. El centro del campo fue, es y será el gran caballo de batalla de este Castellón. Falta gente con más tablas, experiencia y oficio. Es la línea más esencial, la que dota de equilibrio a los equipos. En el cuadro orellut lo echamos en falta, juegue López Garai, Dealbert, Víctor Salas o el que asó la manteca. Delante, delante? tiene que salir Pau Franch para darle alegría al ataque. El gol, de bella factura, fue evitable. ¿Falta de concentración? ¿Exceso de confianza de Carlos Sánchez? Cada uno que elija la opción que crea más conveniente.
Es muy posible que la desventaja en el marcador, el uno a cero, con la que se llegó al intermedio no fuera del todo justa. El Elche, con mejores hechuras, no se mostró tan superior en el terreno de juego. Tuvo la suerte de ese equipo que está tocado por una varita mágica y que todo le sale redondo, todo lo contrario que al Castellón, quien todo lo que toca se convierte en calabaza. ¿Esto durará mucho? Posiblemente todo lo que quieran los consejeros y regidores del club.
Se dice que a perro flaco todo son pulgas. Pues eso. Al filo del descanso se lesionó el malagueño Perico. Los isquiotibiales de su pierna derecha no resistieron más. Hay que confiar que las pruebas que se le practicarán mañana no confirmen nada grave. De momento ayer se quedó con un pinchazo. Oberman le sustituyó y apenas tuvo tiempo para entrar en juego. Cuando lo comenzaba a hacer, fue expulsado.
Moré, que siempre se mueve después de que le den el primer mazazo, sacó al joven ariete Pau Franch para ayudar a deshacer el entuerto. Y lo cierto es que a los tres minutos el de Betxí estuvo a punto de empatar tras un buen centro de Pol Bueso, como sucedió en el minuto 59, a un balón que no llegó por milímetros. El Castellón estaba allí; vivito y coleando. Mostrando sus armas, pero siguió tan dócil como en anteriores tardes donde un pírrico uno a cero parece que es suficiente para hundir la nave albinegra.
Y es que el gol de Raúl Martín valió su peso en oro. Los ilicitanos tuvieron la oportunidad de incrementar la cuenta goleadora, pero se encontraron con un acertado Carlos Sánchez. A la contra se intentó igualar la contienda en el bando castellonense. Fue, en la recta final, cuando se navegó contra corriente, se fallaba como una escopeta de feria y encima se perdían efectivos por el camino. Caso de Oberman que en el minuto 76 se desmarcó del partido, intentó pisar a un adversario y vio la roja.
Casi en la última jugada del partido, el capitán Ángel Dealbert se inventó un regate en la medular que terminó en falta directa. La infracción, lejana a la portería local, la botó Manuel Arana con potencia. Caballero desvió como pudo el trallazo del joven sevillano, y el rechace quedó manso justo donde aparecía, solo, Aurelio Santos. Sin embargo, la pelota quedó a media altura y Aurelio, sólo pudo chocar contra ella. El cuero no quiso entrar y se quedó en el lateral de la red.