Levante-EMV, Londres
Una nueva investigación afirma que lo que olemos mientras caemos dormidos tiene el poder de influir en nuestros sueños. El trabajo, realizado en mujeres, ha sido llevado a cabo por científicos del Hospital Universitario de Manheim (Alemania).
A las mujeres, cuando estaban quedándose dormidas se les pasó por la nariz el aroma de rosas. Al despertar informaron que sus sueños habían experimentado emociones placenteras. Pero cuando se les dio a oler huevos podridos mientras dormían, tuvieron el efecto contrario.
En el estudio los científicos esperaron hasta que las voluntarias habían entrado a la fase REM (movimiento rápido de los ojos) del sueño, el estado en el que ocurren la mayoría de los sueños. Y entonces las expusieron durante 10 segundos a una alta dosis de aire oloroso y un minuto después las despertaron.
El olfato es el único sentido que no «duerme», así que la información que éste obtiene alcanza el sistema límbico del cerebro, que incluye al hipotálamo (memoria) y la amígdala (respuesta emocional). Esto no ocurre con los otros sentidos que deben pasar por la «puerta» del tálamo (encargado de la regulación de la sensibilidad y la actividad de los sentidos) que está cerrada cuando la persona duerme.