La ciencia «inquieta» en la oficina

 

Manuel Portolés

Un estudio reciente, financiado por la Comunidad Europea, demuestra que los niveles de obesidad están aumentando entre los oficinistas, que ignoran de forma general los riesgos que encierra estar todo el día sentado, y en ocasiones ensimismados frente a la pantalla del ordenador y pendientes del email.
Los análisis de población indican que para el 2015, más de 2.000 millones de personas tendrán sobrepeso y más de 700 millones serán obesos. La conversión del lugar de trabajo, de la oficina, en la «segunda casa», perturba los hábitos alimenticios, la comida tradicional se sustituye por comida rápida (alto contenido en grasas saturadas); añadamos a esta circunstancia el propio estrés que casi de manera obligatoria va ligado al trabajo.
El citado estudio indica, por ejemplo, que el 19% de los holandeses y el 31% de los irlandeses no realizan nunca ejercicio en el trabajo; ¿deben de estar trabajando?. Mientras que el 55% de griegos y croatas y el 61% de franceses no hacen ninguna actividad; los españoles nos sumamos a estos inmóviles y engordamos año tras año. Los investigadores, en sus conclusiones, dirigen un mensaje a los patronos para indicarles que introduzcan incentivos a sus trabajadores que faciliten un bienestar físico en la oficina, como ofrecer varios descansos cortos durante el día. Además, los ilusos científicos indican que las oficinas deberían de dotarse de áreas para facilitar la alimentación a los trabajadores (cultura del tupperware) y áreas de ejercicio (gimnasios), distintos del «Sr Gutiérrez baje al archivo y suba todas las facturas del 56». No se lo pierdan, el análisis finaliza indicando que «la palabra 'diversión' es la más importante para la promoción de la salud en el lugar de trabajo».
El peligro de las comidas rápidas
Mientras llegan o no las mejoras laborables, y nos divertimos en el trabajo, la unidad de Neurología de la Universidad de Michigan (EE.UU) ha dado a conocer los resultados de un estudio que sugiere que vivir en barrios repletos de restaurantes de comidas rápidas podría aumentar hasta un 13% el riesgo de padecer un accidente cerebrovascular; solo en norteamérica ocurren más de 700.000 sucesos de este tipo, de origen isquémico la mayoría, y que se originan generalmente por la obstrucción de los vasos sanguíneos. Y estas cifras se obtienen contando solo los restaurantes o casas de comidas que cumplían dos de estas cuatro características: que dispongan del servicio de comida rápida (obvio), que faciliten comida para llevar, que no tenga camareros o muy pocos, y que se cobre antes de recibir la comida.
Concluyendo, los resultados sugieren que los factores del estilo de vida y la dieta son importantes para prevenir los accidentes cerebrovasculares. Recordemos que la comida rápida se relaciona con la obesidad y ésta aumenta el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. Faltaría ahora, quizás, hacer el estudio inverso cuantas tiendas de frutas y verduras (antioxidantes naturales) existen por km2 de viviendas, y si tienen relación con la protección de la salud, en especial con enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares.
Demasiado viejo para trabajar
Los problemas financieros actuales, la crisis de las hipotecas, la caída de las bolsas… ha inducido la opinión generalizada, medio en serio medio en broma, que habrá que trabajar hasta después de los 80 años de edad para poder salir del forat. ¿Pero podrá nuestro organismo seguir trabajando?
La respuesta se publica estos días en la revista Neurology. Los investigadores han averiguado que no existe una edad ideal para la jubilación, y bajo su visión neurológica indican que «el secreto para un envejecimiento óptimo es mantenerse ocupado», es decir, tener mucha actividad mental y cognitiva, y ejercer con actividad física de forma regular y continuada.
El estudio lanza un aviso para los jóvenes trepadores: «los adultos mayores que mantienen su agudeza mental al aprender nuevas cosas en el trabajo también pueden volverse más competitivos en el mercado laboral». Ojito. Así es, cada vez es más frecuente que los jubilados estudien una segunda carrera, o aprenden un segundo oficio, distinto al que ejercieron durante su vida laboral, e incluso después de su nuevo aprendizaje intenten reingresar al mercado laboral. Y para ellos, también el estudio ofrece un consejo, «tal vez no sea el más rápido o ágil en su trabajo, pero podría ser el más sabio o el más experimentado, lo que también importa mucho».
Otro estudio realizado por el departamento de psiquiatría en la Universidad de Stanford (EE UU), demostró que mantener las habilidades cognitivas puede representar una diferencia en el rendimiento laboral. El trabajo se realizó con pilotos de líneas áreas, de 40 a 69 años de edad, para determinar cómo la edad afectaba el rendimiento cognitivo en la vida real. Los resultados demostraron que los pilotos mayores, entre 60 y 69 años de edad, rendían en el trabajo inicialmente menos que los más jóvenes, aunque los pilotos mayores disminuían menos sus puntuaciones generales de vuelo. Pero con el tiempo, los pilotos mayores mejoraron sus rendimientos más que los pilotos jóvenes, especialmente ne el apartado de «evitación de tráfico». La experiencia sigue construyendo milagros.
El turno de noche «insano»
Ahora bien, la situación de su salud se complica si usted trabaja por la noche. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, sugiere que trabajar en turno de noche alteran tanto los niveles metabólicos y hormonales (leptina, inulina y cortisol), que aumentan los riesgos de padecer una enfermedad cardiaca, diabetes o de caminar a obesos.
Hasta ahora el trabajo en turno nocturno, de trabajadores de fábricas, hospitales o incluso policías, bomberos y camioneros, se había relacionado con problemas gastrointestinales, además del cansancio obvio y alteraciones del sueño, especialmente por la modificación del ritmo circadiano (sueño/vigilia). Los investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard (Boston, EE UU) diseñaron un protocolo que imitara los desfases horarios de un trabajo por turnos, es decir sometieron a voluntarios, hombres y mujeres, a un horario diferente de sueño y pautas de alimentación durante 10 días.
Los resultados de este experimento demuestran un gran descenso de los niveles de leptina, molécula que regula el peso, y si disminuye estimula el apetito, con este peso extra se reduce también la actividad física, y todo ello destapa la enfermedad cardiaca. También los niveles de glucosa e insulina se vieron afectados de forma que el 30% de los «cobayas humanos» se instalaron en una «prediabetes»; añádase como plus que aumentaron los valores de presión sanguínea. De todos los ciclos estudiados de sueño/vigilia (en un periodo corto, 10 días) el de peor resultado para la salud fue el que sometía a los individuos a dormir por el día y a estar trabajando por la noche. Buenos días.

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