La ciencia también es curiosa y divertida

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Después de casi 20 años en estas mismas páginas —el aniversario exacto será el próximo mes de noviembre—, hoy «nos vemos las caras».

MANUEL PORTOLÉS VALENCIA
­Durante el trasiego de maquetas, letras, iconos y otros enseres, durante estos años, hemos desgastado «El tubo de ensayo», la columna desde la cual me dirigía a ustedes para repasar la actualidad científica, los últimos descubrimientos e incluso las contradicciones de la ciencia y sus protagonistas. Así que, para esta nueva etapa, cambiamos de material de laboratorio, y escribiremos desde «La Probeta», un tubo de cristal provisto de base que puede contener líquidos o gases, y que cuando tiene marcas para medir volúmenes, se llama probeta graduada. Y permitánme que de paso hagamos referencia a un producto directo de la investigación de los últimos tiempos, los «niños probeta» (así los llama todavía la RAE), bebés que son concebidos mediante técnicas de laboratorio y que consiste en implantar un óvulo fecundado en el interior del útero materno.

Los «otros» Nobel
Una muestra del sentido del humor de los científicos la podemos recoger de la revista Annals of Improbable Research (la investigación improbable) una publicación satírica (también científica nacida en 1995) que concede unos premios de investigación, cuanto menos curiosos, los «Ig Nobel» en diez categorías (medicina, economía, gastronomía…). La ceremonia se hace coincidir en la fecha con los premios Nobel de la academia sueca, pero el acto de entrega de los «otros» Nobel se realiza en el teatro Sanders de la Universidad de Harvard (EE.UU). El lema de los premios «Ig Nobel» es «primero les hacemos reír y después pensar», y su recompensa un curioso y esperpéntico trofeo.
Uno de los «Ig Nobel» de Física fue hace unos años para la Universidad de Sydney (Australia) por un estudio sobre las pelusas o borritas que se acumulan en el ombligo. Los datos experimentales recogían «cuantos y qué» materiales van a tan noble lugar. Entre sus conclusiones destacamos la composición de la pelusa, una mezcla de piel muerta, vello y fibras que se desprenden de la ropa, y sus consecuencias migratorias, pues este material según demuestran los investigadores se desplaza de abajo hacia arriba; cada cual que vigile sus orígenes. Los caballeros son más «pelusos» que las damas, a razón de un aumento de 3 milímetros al día. ¡Queden tranquilos! la presencia de pelusa en el ombligo no perjudica la salud.
Otro de los curiosos ejemplos de los «Ig Nobel», en este caso de Biología, llego a publicarse en Journal of Experimental Zoology, es decir en el circuito profesional de revistas científicas de calidad. El estudio trataba de la vida sexual de un grupo de moluscos bivalvos, las almejas (Sphaerium striatinum), y comenzó tras preguntarse un investigador del Gettysburg College (EE.UU) si el Prozac (fluoxetina) recuperaba la vida sexual en los ancianos. Para responder a su curiosidad, y antes de comenzar su investigación en humanos, administró el fármaco a las almejas, dotadas de un sistema nervioso miniaturizado y similar al humano, y éstas comenzaron a reproducirse de forma… digamos «salvaje».

Desmontando mitos
Un «Ig Nobel», en este caso de Estadística, fue para el Hospital Monte Sinaí de Toronto (Canadá), por su trabajo «La relación existente entre la estatura, la longitud del pene y el tamaño del pie». Casi un centenar de voluntarios se incluyeron en las medidas a tres bandas, cuyas partes (lo digo para que cada cual saque sus conclusiones o mesuras) midieron: (a) estatura entre 157 y 194 cm; (b) penes en reposo, de 6 a 13,5 cm; y (c) pies de 24 a 29 cm. Señores, la ciencia estadística no encontró ninguna relación, así que dejen de comprarse zapatos más grande del que corresponde a su talla.
Y como estamos de estreno nos vamos a tomar unas copas de cava, sin pasarnos pues seguiremos trabajando, para entretenerles e informarles, en las siguientes páginas. Así, que tras el brindis la botella a la nevera con una cucharita en su cuello. Pero, ¿esta estrategia conservacionista sirve para algo? Investigadores del Centro Interprofesional de los Vinos de Champaña (Épernay, Francia) demostraron de forma seria, con material y métodos (botellas con cucharillas y sin ellas, de plata y otros materiales…), y tras medir las variaciones de la presión de gas en función del tiempo tras el descorche, que la cucharilla en el cuello de la botella no sirve para conservar la presión de los espumosos. Salud.

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