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La técnica, que no requiere de agujas, podría mejorar la vida de millones de personas que sufren dolor crónico o trastornos que requieren analgésicos que deben inyectarse durante mucho tiempo. La estrategia, que publican esta semana en Nano Letters investigadores del Hospital Infantil de Boston (EE UU), combina el magnetismo con la nanotecnología. El dispositivo es una membrana en la que van incrustadas nanopartículas (de la cienmilésima parte del espesor de un cabello) en un gel compuesto de magnetita. Cuando fuera del organismo se enciende un campo magnético, cerca del dispositivo, las nanopartículas se calientan provocando su encogimiento, y esto provoca la apertura de pequeños espacios (poros) que permiten el movimiento del nanogel de un lado al otro. Cuando los poros están abiertos el fármaco puede salir de la membrana y entrar al organismo.