El cerebro se encoge y otros sucesos

Las personas adultas con sobrepeso o que alcanzan a ser obesas tienen menos tejido cerebral que los individuos con un peso normal.

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 Ciencia e investigación

Otros experimentos demuestran que las neuronas aprenden más de las situaciones de éxito que de aquellas que inducen un fracaso. Ambas cosas muy sorprendentes.
Manuel Portolés
Valencia

­La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad y el sobrepeso como una acumulación anormal o excesiva de grasa en el organismo, que incluso puede ser muy perjudicial para la salud. El problema del aumento de peso es en los países desarrollados cada vez de mayor importancia, son más de 1.700 millones de personas, mayores de 15 años, las que tiene sobrepeso en el mundo, y unos 500 millones más de adultos son obesos. Los cálculos de la OMS para 2015 se aproximan a 2.300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones con obesidad.
Una de las herramientas básicas (como guía de aproximación) para conocer si este problema nos acecha es el IMC (índice de masa corporal), una relación sencilla entre el peso y la altura o talla; y se calcula dividiendo el peso (en kilos) entre el cuadrado de la talla (en metros). La OMS establece que sobrepeso es cuando el IMC es igual o mayor a 25, y obesidad cuando es igual o superior a 30; aunque los problemas de salud, en especial las enfermedades crónicas (cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, hipertensión, diabetes, artrosis y cánceres de endometrio, mama y colon), se agudizan cuando el IMC supera la cifra de 21. Entre los factores que inducen la obesidad están la modificación de la dieta a nivel mundial (mayor ingesta de alimentos hipercalóricos, más grasas y azúcares, pobres en vitaminas y minerales), y el sedentarismo.

Los obesos y su tejido cerebral
Hasta aquí, parece todo más o menos conocido. Sin embargo, lo sorprendente son las investigaciones del Departamento de Patología de la Universidad de Pittsburg (Pennsylvania, EE UU), que publicadas tras cinco años de estudios, en la revista Human Brain Mapping, afirman que las personas con sobrepeso y obesidad tienen menor tejido cerebral que los individuos con un peso normal.
Los análisis morfométricos efectuados en la materia blanca (axones, impulso nervioso) y la sustancia gris (cuerpos neuronales, procesando la información) del cerebro, apuntan que por cada kilogramo de exceso que se acumula en el organismo, el cerebro se hace un poco más pequeño, se encoge. Con índices IMC mayores de 30 se observa una atrofia de los lóbulos frontales, hipocampo, gyrus cingulum y tálamo, al comparar los resultados con individuos con IMC entre 18,5 y 25, que corresponde a personas «normales». Los sujetos con sobrepeso (IMC entre 25 y 30) muestran atrofia del ganglio basal y de la corona radiata, estructuras del cerebro correspondientes a la materia blanca. En «numérico», las personas obesas en este estudio presentaban un 8% menos de tejido cerebral, y las que mantenían sobrepeso un 4% menos, siempre con respecto a los individuos de peso normal. Es decir, que la mayor parte del tejido cerebral perdido estaba en el lóbulo frontal y temporal, áreas donde residen, entre otras funciones, la toma de decisiones y la memoria.

Las neuronas aprenden del éxito
Ante estos deterioros de la vida moderna, cabe preguntarse qué hacer. En Neurology, epidemiólogos del Albert Einstein College of Medicine (NY, EE UU), indican que podemos retrasar la pérdida de memoria si somos capaces de mantener una actividad mental. Los investigadores estudiaron 488 personas mayores (hasta los 85 años), sin demencia, para demostrar que actividades como la lectura, la escritura, los juegos de mesa (ajedrez, dominó, cartas…), los crucigramas, conversar en grupo o tocar un instrumento musical puede, en estas personas, retrasar la pérdida de memoria. En este experimento, las personas que participaban en todas estas tareas, retrasaban la aparición de los síntomas de pérdida de memoria en algo más de un año. Jaque, la blanca doble y las cuarenta.
Otro suceso sorprendente, modifica una creencia popular: «aprendemos de los errores». Científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, en Norteamérica, demuestran en la revista Neuron, que las células del cerebro aprenden más de los éxitos que de los fracasos. Aunque los resultados se han obtenido sobre neuronas de mono, son optimistas, las buenas acciones, la sintonía con el éxito, modifican las células del cerebro (cortex prefrontal y ganglio basal), y el mono aprende más rápidamente. Si éstos parientes acertaban con las respuestas (en juegos de imágenes), las neuronas procesaban la información de forma más eficaz, y las probabilidades de acertar la próxima pregunta aumentaban; cuando se cometía un error, no había cambios cerebrales, ni una pequeña mejora en la conducta del simio.

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