Este año el "Ig-Nobel" de Veterinaria fue a parar a la Universidad de Newcastle por demostrar en el número de marzo de la revista Anthrozoos que si a las vacas de una granja lechera las bautizas con un nombre, producen más leche que aquellas que no reciben esta distinción. El premio "Ig-Nobel" de Medicina recompensó la investigación del octagenario Donald Unger, que 60 años atrás comenzó a crujir los dedos de una de sus manos, actuando la otra de control, para averiguar si esta práctica producía artritis; la respuesta que publicó en Arthristis and Reumatism indica que no se induce artritis. Y el "Ig-Nobel" de Química fue a parar a la Autónoma de México, por obtener microcristales de diamante al calentar bajo presión la tequila de 80º. Increíble pero cierto.
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