MANUEL PORTOLÉS
La respuesta del organismo ante circunstancias que se convierten en «retos» para las personas es lo que conocemos como estrés, y éstas son muy variadas, sin distinción de edades, desde los bebés a los ancianos, todos entorno al estrés.
Radiografía del estrés
Lo primero que ocurre es una activación general del sistema nervioso que facilita la liberación de ciertos factores que liberan hormonas. Así por ejemplo, el hipotálamo envía señales a las glándulas suprarrenales para que produzcan, y liberen a la circulación sanguínea, más adrenalina y cortisol. Estas hormonas aumentan la frecuencia cardiaca y respiratoria, y también elevan la presión arterial y ponen el alerta máxima al metabolismo. Para permitir una mayor circulación de la sangre hacia los músculos, los vasos sanguíneos se ensanchan. Las pupilas de los ojos se dilatan para favorecer una mejor visión, mientras el hígado libera parte de la glucosa que tenía almacenada para enviar al resto del cuerpo como combustible para energía.
Todo ello ocurre en fracciones de segundo, incluida la síntesis de sudor destinado a refrigerar el organismo. Preparados de esta forma, en tensión emocional, ya podemos reaccionar rápida y eficazmente ante la situación de «reto». Pero en ocasiones no se trata de resolver una situación «aquí y ahora», y el estrés es de largo plazo (tensiones familiares, no tener tiempo para descansar…), lo cual somete al sistema nervioso, desencadenador de las reacciones descritas, en un atención continua, hasta que las reservan hormonales liberadas en respuesta al estrés entran en «reserva», como la gasolina en los depósitos.
El agotamiento de las reservas, sin haber encontrado solución al agente que provoca el estrés, hace que las personas se sientan agitadas y el sistema inmunológico se debilita causando más problemas (ansiedad, ataques de pánico, irritabilidad, dolores en el pecho, problemas en el estómago, asma, reacciones alérgicas, erupciones, tristeza, depresión…).
Situaciones de estrés
Hace más de 30 años, los investigadores «Holmes y Rahe» clasificaron los acontecimientos más estresantes de la vida, bajo una escala de mayor a menor que comienza con la muerte de la pareja, y continúa con el divorcio o la separación, ir a la cárcel, muerte de un familiar cercano, adquirir una enfermedad o lesión, la boda, el embarazo y la jubilación. Hoy deberíamos añadir a esta lista, de circunstancias estresantes, convertirse en endeudado. Y así lo demuestran recientemente en la revista BMC Public Health investigadores de la Universidad de Mainz (Alemania). Tanto en Europa como en los EE.UU, ha aumentado el número de personas que no pueden pagar sus deudas en un período de tiempo razonable, se calcula que un 7% de los hogares estarían con un endeudamiento excesivo, que obviamente genera estrés crónico. Y no solo esto, las deudas sabemos ahora que aumentan dos veces la probabilidad de tener sobrepeso y 2,6 obesidad; además de depresión y tendencia a fumar diariamente.
Dentro de la complejidad del problema del estrés, podemos mencionar algunos síntomas comunes a muchas situaciones, y deberían considerarse como las señales más precoces del inicio de un proceso de estrés. Estos son: dolor de cabeza, dificultad en concentrase, problemas para dormir, mal genio, trastornos en el estómago (el estrés no causa úlceras, sólo las irrita), insatisfacción laboral, depresión, bajo estado de ánimo y ansiedad.
Es difícil huir del estrés, si tuvieron una niñez estresante tienen que saber que su muerte será más temprana que sus congéneres con una infancia feliz. Al menos es lo que cuentan en American Journal of Preventive Medicine, científicos del CDC de Atlanta (EE UU). Las personas que padecieron entre seis y ocho experiencias negativas en la niñez (de abuso verbal, físico, sexual… a familiares en prisión, padres separados, o convivencia con enfermos mentales) mostraron una edad de fallecimiento medio de 61 años, mientras que sus quintos, sin estas experiencias, llegaron a los 79 años; entre las causas tenemos las enfermedades cardíacas, pulmonares y hepáticas.
Y finalizamos con una noticia optimista, obtenida en la Universidad de Nottinghan (Inglaterra), que indica que los niveles de estrés alcanzarían su punto máximo cuando comenzamos los cincuenta años de vida, y a partir de aquí disminuyen. Los motivos son, al menos en estas islas, que muchos a la edad de 55 años ya se habían jubilado, o que la antigüedad laboral obliga a «controlaran» mejor el trabajo.
Consejos para controlar el estrés
Para evitar las señales que su cuerpo le envía como consecuencia del estrés, siga estos consejos: (1) no se sobrecargue con demasiadas actividades, mantenga las más importantes; (2) sea realista, nadie es perfecto, si necesita ayuda pídala; (3) dormir es fundamental, no recorte las horas de sueño y descanso; (4) la relajación es el antídoto natural del organismo contra el estrés, aprenda a respirar hondo un par de veces al día (sentado en una silla, apoye las manos en el estómago y cuente hasta cuatro e inhale a la vez aire por su nariz, mantenga la respiración un segundo, y vuelva a contar hasta cuatro mientras exhala lentamente el aire por la boca frunciendo los labios, y repita el ejercicio 10 veces); y (5) practique actividad física de forma regular y aliméntese adecuadamente.