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«La emociones o el estado de ánimo pueden alterar la forma en que reaccionemos al dolor, ya que están interrelacionados», esta es la conclusión de un estudio científico de la Universidad de Columbia en NuevaYork que publica esta semana la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
El dolor puede amplificarse si nuestro cerebro recibe emociones negativas, es decir, estar de mal humor con el entorno agravaría la sensación de dolor. Al menos es lo que revela el estudio que sometió a diferentes personas a corrientes eléctricas (cosquilleos), mientras observaban en un monitor imágenes que motivaban sensaciones desde neutras a poco y muy placenteras y mantenían sus cerebros conectados bajo la atenta observación de escáneres de resonancia magnética funcional. Los individuos que veían imágenes negativas sentían con mayor sensación los golpecitos por corriente eléctrica, que los observadores placenteros. Otros investigadores de la Universidad de Montreal ya habían descubierto con anterioridad que la clasificada como música relajante hacía que estos dolores pudieran sentirse o detectarse de manera menos intensa. Buenas noticias para la fotografía y la música, quizás y tal y como anda el negocio, pronto se podrán adquirir «fotogrageas» o «píldoras musicales» en las farmacias, pero sin receta médica, creo.
El chocolate negro, antiestrés
Otras de las investigaciones que destacamos para circular por la vida cotidiana, es de por si también placentera. Dice el Journal of Proteome Research que el chocolate negro reduce los niveles urinarios de las hormonas del estrés (cortisol y catecolaminas), especialmente entre los que sufren de ansiedad y están muy estresados. El trabajo que tiene un desarrollo muy completo esta realizado por científicos alemanes en el Nestlé Research Center (Berlin), y obviamente ya saben la marca de los 40 gramos de chocolate negro que durante 14 días tomaron los agraciados que participaron en el estudio. En el origen de este posible beneficio estaría la rica composición en antioxidantes del chocolate negro, que además reducen los riesgos de padecer una enfermedad cardiaca.
Las madres tenían razón
Hace algún tiempo, la Facultad de Medicina de la Universidad de Atenas (Grecia) y el Imperial College de Londres, se propusieron demostrar si comer de forma tranquila era una buena estrategia para controlar el apetito. Es decir, si el mensaje reiterativo, donde los hubiera, de nuestras madres «niño come más despacio», tenía sentido. La investigación que en breve mostrara sus resultados en Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, da la razón a las madres, de nuevo de preclara inteligencia. Efectivamente los investigadores demuestran que devorar la comida induce un bloqueo en los mecanismos naturales de control del apetito.
Si comentábamos antes la experimentación con imágenes o música placentera, y con chocolate negro, ahora para demostrar la validez del sabio consejo materno, los científicos sometieron a los voluntarios sanos a merendar helados; añade el estudio de porciones generosas (o los «cobayas humanos» van de fiesta). El inconveniente radicó en que fue necesario comerlo dos veces, una en cinco minutos (tipo glotonería), y la otra en mini bocaditos durante media hora de forma ininterrumpida. ¿Y qué ocurrió? Los sujetos que comían lentamente tuvieron un aumento en su sangre de dos hormonas (PYY y glucagón 1) que liberadas en el tracto digestivo mandan al cerebro el mensaje de saciado (depósito lleno), y en consecuencia el apetito disminuye y así también el consumo de calorías. Luego concluimos como cierto el mensaje de nuestras madres «raspuleras» (respondonas en chelvano) de «no comas rápido y saborea la comida, niño».
Aunque sabemos que todo no se debe de hacer lentamente. Hoy les pondré un ejemplo para finalizar este artículo, que además sale publicado estos días en las páginas de la revista British Medical Journal. Pasear a paso lento puede favorecer el desenlace de una enfermedad cardiovascular mortal. Investigadores franceses estudiaron en 3.000 compatriotas de 65 a 85 años, hombres y mujeres, la velocidad del paso y sus historiales médicos, para concluir que las personas de edad que caminaban más lentamente eran un 44% más propensos a morir que los caminantes rápidos, y mantenían un riesgo tres veces más alto de muerte cardiovascular.
Conclusión para transmitir a las madres: «aceptamos comer más despacio, pero ustedes cuando salgan a caminar, con las amistades, háganlo más rápido». Que así sea.
Sobre el uso excesivo de los antibióticos
Las bacterias se están volviendo resistentes a los antibióticos, inutilizando los fármacos, según indica un estudio del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC). Si esta ola de resistencia a los antibióticos nos supera, no podremos realizar trasplantes de órganos, reemplazos de cadera, quimioterapia contra el cáncer, ni brindar terapia intensiva y neonatal a los bebés prematuros. Los antibióticos son necesarios en todos esos tratamientos para prevenir las infecciones bacterianas. Pero las bacterias resistentes a los medicamentos son un problema cada vez mayor en los hospitales de todo el mundo, como es el caso del Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, que causan la muerte a más de 25.000 personas/ año en Europa y alrededor de 19.000 en Estados.
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