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MANUEL PORTOLÉS
Aunque entendamos que la inteligencia es la capacidad de comprender, atender y asimilar información (memoria), para procesarla (percepción) y utilizarla de forma conveniente, saber donde reside de manera exacta es un gran misterio. Sin embargo, hace unos días, investigadores del Instituto de Tecnología de California (EE.UU) proponen en Proceedings of the National Academy of Science (PNAS) la existencia de una red específica para la inteligencia, que se encargaría de conectar materia gris (cuerpos neuronales) con materia blanca (axones), especialmente entre las partes frontales y parietales del cerebro. Es decir, una buena vía de comunicación entre ambas áreas del cerebro es lo que establece que se disponga de excelente inteligencia general.
Los investigadores llegan a esta conclusión después de analizar varios centenares de pacientes con lesiones cerebrales y someterlos a distintos test para el coeficiente intelectual, y así saber en que áreas conservan habilidades y en cuales no. El siguiente paso fue correlacionar ambos resultados para obtener un mapa cerebral que interrelacionaba áreas de la corteza cerebral, parietal con frontal, zonas que son importantes para el lenguaje y las matemáticas. Además, esta red cerebral está relacionada con la memoria de trabajo, que es la capacidad de disponer en activo, de forma simultánea, de un buen número de temas en la cabeza.
Mejorar la inteligencia
Lo tenemos fácil. Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Columbia en Nueva York, demostraron el mes pasado que la dieta mediterránea (aceite de oliva, pescados, vegetales, frutas…) podría proteger al cerebro y ayudar a conservar la inteligencia. Los individuos «amantes» esta dieta tenían un 36% menos de infartos cerebrales y accidentes cerebrovasculares. Un estudio anterior del mismo grupo determinó que la dieta mediterránea ayudaba a reducir el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer. Por lo tanto, sumamos como ventajas para esta dieta, además de mejorar la salud cardiaca y reducir el peso corporal, beneficios para el cerebro.
Y seguimos teniéndolo fácil, pues en la reunión de la American Association of the Advancemnet of Science de la semana pasada en San Diego (EE.UU), científicos de la Universidad de Berkeley demostraban que dormir la siesta renueva la capacidad del cerebro humano para aprender (recordar más cosas), es decir, la siesta podría también mejorar la inteligencia. Lo curioso del estudio es que la duración de estas siestas americanas fue de 100 minutos. Los investigadores sometieron a individuos jóvenes a diferentes test de memoria, antes y después de la siesta, y compararon los resultados con otro grupo que no ejercieron tan plácida actividad. Las personas «sin siesta» obtuvieron puntuaciones un 10% menores en los test de inteligencia, pero incluso el declive natural que padecemos en la memoria (otro 10%), entre las 12 h y las 18 h (enviamos más recursos sanguíneos al proceso de digestión que a la azotea) no se experimento entre los durmientes. Además, mediante electroencefalografía determinaron que la restauración de la memoria ocurre durante el sueño profundo, en la etapa REM o de movimiento ocular rápido. Dormir bien también ayuda a pensar de forma más creativa y a disponer de una capacidad de memoria a más largo plazo.
Otro estudio interesante, realizado en Ohio (EE.UU) en 2007 relacionó la inteligencia con los problemas económicos, para concluir: (1) que las personas no se hacen ricas sólo porque sean inteligentes, y (2) ser muy inteligente no protege de las dificultades económicas. Entonces, ¿tiene ventajas financieras ser inteligente? Según el estudio, publicado en Intelligence, solo es ventajoso para obtener un mejor salario; estableciéndose diferencias salariales entre coeficientes de inteligencia normales (100 puntos) y altos (130 puntos; el 2% de población) de más de 18.000 dólares al año.
Y por último, investigadores suecos indican en PNAS que los adolescentes físicamente activos serían más inteligentes que los sedentarios. El estudio analiza el trabajo aeróbico (cardiovascular) y la fuerza muscular, para relacionarlos con el poder cognitivo, en más de un millón de jóvenes a los cuales vigiló durante 18 años. La asociación se obtuvo solo entre aptitud cardiovascular e inteligencia, pero no con la fuerza muscular. En conclusión, una óptima vida pasa necesariamente por dieta mediterránea, práctica de ejercicio y siesta, de «pijama, Padre Nuestro y orinal», que decía Camilo José Cela.
La inteligencia y el riesgo cardiaco
La inteligencia es el segundo factor, después de fumar, más determinante en la enfermedad cardíaca. El estudio del Consejo de Investigación Médico Británico (MRC), publicado en European Journal of Cardiovascular Prevention, halló que los coeficientes intelectuales más bajos estaban asociados con índices superiores de dolencias cardíacas y muerte, y eran los indicadores más importantes que cualquier otro factor de riesgo, salvo fumar. Las dolencias cardíacas son la principal causa de muerte en Europa y la mayoría de los países industrializados. Este estudio que analizó datos de más de 1.100 personas durante 20 años, indicó que los cinco principales factores de riesgo de la enfermedad cardíaca son fumar, el coeficiente intelectual, tener bajos ingresos, presión arterial alta y hacer poca actividad física.
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