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MANUEL PORTOLÉS
VALENCIA
Hoy vamos a comentar algunos de ellos; por ejemplo, si los calvos son más viriles, si los sillines de las bicicletas producen impotencia y si existe alguna relación entre llevar la cartera en el bolsillo trasero del pantalón y la ciática.
Fue Hipócrates (siglo V a.C.), padre de la medicina moderna, el que indicó que los eunucos (varones castrados) persas nunca se quedaban calvos. Lo cual sugería que disponer de poca testosterona significaba tener mucho pelo sobre la cabeza. Aunque la castración no parece una solución muy práctica para lucir excelsa cabellera, si sirvió esta observación hormonal para estimular las investigaciones.
Una de ellas realizada en Italia a mediados del siglo XX, demostraba que los calvos tenían más hijos que los individuos de la misma edad que disponían de abundante pelo; los resultados mostraron un mayor nivel de testosterona en los «sin pelo». Estudios posteriores han ido demostrando que la testosterona, necesaria para el desarrollo de los genitales masculinos ya en el primer trimestre de vida, junto a la hormona del crecimiento, y que estimula la maduración y formación de los espermatozoides, entre otras funciones, no tiene influye (exclusivamente) en el comportamiento sexual; además, ahora parece claro que por el torrente sanguíneo de los calvos no circula más testosterona. Conclusión: los calvos no son más viriles.
El mismo Hipócrates, cuando iba «a la carrera» para calvo, preparó una fórmula magistral contra la caída del pelo; ésta consistía en aplicar sobre el cuero cabelludo, todas las noches, una mezcla de remolacha, apio, rábano picante, especies, y mierda de paloma. Ni que decir tiene que se quedo calvo completo, pero tras su experiencia, el aspecto proyectado paso a denominarse «calvicie hipocrática» en honor a sus curiosas fórmulas.
Sillines y carteras
Hace tan solo doce años, un urólogo americano apuntaba en un estudio que los ciclistas tendrían más problemas de erección que los demás mortales; el estudio que incluyo cientos de ciclistas jóvenes, entre 20 y 30 años, apuntaba que cuantas más horas se pasaba encima de la bicicleta, existía un mayor riesgo de sufrir impotencia sexual o incluso de perder la líbido.
Estudios más recientes, especialmente los publicados en Journal of Andrology y European Urology, demostraban que los ciclistas de montaña que practican su deporte dos veces a la semana (todos ellos con buena salud), tenían tan sólo un 35% del volumen de esperma que correspondía a los individuos no ciclistas de la misma edad y condición. Es más, estudios realizados con diferentes sillines (formas y tamaños) demostraban que todos reducían la presión de oxígeno que llegaba al pene, por comprensión de la arteria que pasa por el perineo, esa zona que separa la salida al mundo de la uretra y recto. Es decir, llegaba menos sangre por aplastamiento arterial, que si era abusivo, días tras día, perdía su elasticidad característica y la luz arterial quedaba comprometida. Y por lo tanto, los resultados permiten afirmar según las investigaciones que el uso prolongado de la bicicleta puede tener efectos negativos en las funciones eréctiles nocturnas.
Aunque hay menos estudios realizado en mujeres, si sabemos que el 60% que monta en bicicleta, hasta cuatro veces a la semana durante dos horas, tienen mayor incidencia de dolor en la zona del perineo, que puede expresarse con entumecimiento y hormigueo. La solución que apuntan los investigadores sería (para proteger tan delicada zona), sentarse en el sillín más hacia detrás para evitar la compresión, colocarlo menos paralelo al suelo, es decir ligeramente inclinado hacia abajo, y de vez en cuando, al ir pedaleando, ponerse en pie un par de minutos sobre la bicicleta, para que sálvese las partes queden oxigenadas y en relax.
Y por último, vamos a ver qué pasa con llevar a todas partes la cartera, repleta de tarjetas de crédito y otros sucedáneos, en el bolsillo trasero del pantalón. El tema se origina a la vez que prolifera el dinero de plástico en occidente, y se describe por primera vez en la revista New England Journal of Medicine en 1966. El caso que relata la publicación es el de un abogado que sufre fuertes dolores en la pierna izquierda, que desparecen al quitar la cartera de su bolsillo trasero, y que volvían de nuevo al colocarla en la ubicación que durante los últimos tres años era frecuente. A esta curiosa enfermedad los galenos, que no daban crédito, la denominaron «creditcarditis»; y desde entonces se relata con frecuencia entre personas sedentarias (conductores, oficinistas...)… que pasan mucho tiempo sentados sobre sus carteras. Y ocurre porque con esa actitud estamos presionando en exceso el músculo piriforme de la nalga o «pompi», el cual a su vez se conecta con el nervio ciático. La solución es fácil, la auto carteroctomía. A cuidarse.
Los deprimidos comen más veces chocolate
El estado de ánimo deprimido estuvo significativamente relacionado con un mayor consumo de chocolate, según un estudio de la Universidad de California publicado esta semana en la revista Archives of Internal Medicine. Las personas que estaban deprimidas consumieron en promedio 8,4 porciones de chocolate por mes, comparado con 5,4 entre quienes no lo estaban; las personas que padecían una depresión severa comieron aún más: 11,8 porciones por mes. Una porción se considera 28 gramos de chocolate. Muchas personas consideran que el chocolate es algo que levanta el ánimo, pero pocos estudios han confirmado en realidad la conexión entre este alimento y el humor. Los investigadores encontraron una marcada asociación entre el consumo de chocolate y la depresión, pero no explicaron las causas.
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