MANUEL PORTOLÉS
En el primer mundo, occidental, industrializado y en crisis financiera, una de cada 6.000 personas llega a vivir hasta los 100 años, alcanzando los 110 años de edad tan solo una persona de cada 7 millones. Esta semana investigadores de la Universidad de Boston (EE UU), de los departamentos de Bioestadística, Medicina, Geriatría, Neurología, Genética e incluso Pediatría, junto con el Istituto di Tecnologie Biomediche de Segrete (Italia), han descubierto una serie de genes que pueden pronosticar, con una precisión del 77%, que personas vivirán más de 100 años. El descubrimiento que se publica en Science, pone en duda los resultados de algunos test genéticos que vaticinaban los riesgos de padecer enfermedades como el Alzheimer.
El estudio italo-norteamericano analizó el ADN de 1.055 centenarios comparándolo con 1.267 controles, y tras un proceso de «asociación de genoma completo» identifico 19 patrones genéticos comunes en la vejez (en el 90% de los ancianos) que implican a 150 genes (polimorfismos SNPs). El análisis también ofreció una sorpresa, pues las personas más viejas tenían muchos de los genes que se asocian a ciertas enfermedades, lo que indicaría que los genes de la vejez podrían amortiguar la activación de genes malignos, pues sus portadores habían alcanzado los 100 años en buen estado de salud.
Aunque por el momento los científicos dudan en comercializar su descubrimiento en forma de «test de identificación de los genes de la vejez», si que dispondrán, en breve, de una web para que aquellas personas que dispongan de alguna secuencia de su propio genoma, como las que predicen ciertas enfermedades crónicas, puedan comprobar si tiene algunos de estos genes de longevidad.
La gerontología cada día ofrece más resultados que demuestran que el estilo de vida, además de la genética, es muy importante para disfrutar de una larga vida, sin grandes problemas. En los EE.UU., por ejemplo, los adventistas del Séptimo Día, cuya religión les prohíbe el consumo de alcohol y tabaco, además de inducirles hacia la dieta vegetariana y la práctica de ejercicio, tienen una esperanza de vida de 88 años, más de 8 años que sus coetáneos no adventistas.
Otro estudio realizado en dos millones de parejas, por el Instituto Max Planck de Rostock (Alemania), y que se publicó recientemente en la revista Demography, demuestra que las mujeres que contraen matrimonio con hombres más jóvenes que ellas (entre 7 y 9 años menos) aumentan un 20 % sus probabilidades de morir anticipadamente; incluso casarse con un hombre de más edad también podría acortar la vida de una mujer. La opción más «matrimonio-saludable» sería convivir con personas de edades similares. Los investigadores alemanes también concluyen que «el matrimonio no es malo para la esperanza de vida», pues aumenta la longevidad al compararse con las personas solteras. Pero muchos de ustedes se preguntan ¿qué pasa con los hombres que se casan con mujeres más jóvenes?, ¿viven también menos años? Todo lo contrario, los hombres reducen el riesgo de morir en un 11%, si su pareja es entre 7 y 9 años más joven; pero si lo hacían con mujeres mayores que ellos aumentan su riesgo de muerte.
Además de disponer de un genoma potente, y de una vida sana, mental y socialmente activa, otra de las claves para una larga vida es la práctica de ejercicio físico, que en los adultos mayores sirve para conservar la fuerza y la flexibilidad, además de reducir riesgos cardiovasculares. Un estudio publicado meses atrás en Circulation, que analizo durante 11 años a más de 27.000 mujeres, demuestra que las que hacían ejercicio tenían un 40% menos de posibilidades de sufrir un ataque al corazón, que las amantes del sedentarismo. La recomendación científica sobre la práctica de ejercicio estaría en disponer entre tres y cinco sesiones a la semana de 30 minutos cada una; tan sólo en un año se logra más flexibilidad y fuerza, una mejor respuesta en pruebas aeróbicas, así como una reducción del colesterol malo o LDL (25%) y triglicéridos (23%), un aumento del bueno o HDL (60%), y un descenso en el peso que podría llegar a los 12 kilos.
Y por último, investigadores de la Universidad de Rush (Chicago) presentan en la American Society for Nutrition un estudio que demuestra que la dieta mediterránea (aceite de oliva, verduras, legumbres, pescado, frutos secos, frutas…) ayuda a mantener el cerebro más sano mientras envejece.
Así que, a falta de robusto genoma, tupido velo a Cupido, ejercicio casi diario y dieta mediterránea para ingresar en el club de los 100.
La autoestima fluctúa con el paso del tiempo
La autoestima aumenta a medida que las personas envejecen, pero decrece cuando llegan a los sesenta, aunque los que ganan más dinero y están más sanos suelen tener mejores opiniones de sí mismos, según un estudio en Journal of Personality and Social Psychology. Los investigadores que estudiaron mas de 3.600 adultos entre 25 y 104 años, demuestan que la autoestima se relaciona con una mejor salud, un menor comportamiento criminal, menores niveles de depresión y, en general, mayor éxito en la vida. Las personas jóvenes tenían la menor autoestima, pero ésta aumenta con los años; las mujeres tenían menor estima que los hombres, hasta que llegaban a los 80 y 90 años. La salud y el bienestar desempeñaban papeles importantes para mejorar la autoestima, sobre todo en personas mayores.