Manuel Portolés
Nuevos modelos climáticos, datos de satélites que escudriñan de forma continuada la Tierra, y miradas hacia los registros paleoclimáticos que han tenido la precaución de almacenarse, indican que el clima terráqueo camina hacia un punto crítico.
Diversos artículos publicados en Nature, Science, o en la especializada Atmospheric Chemistry and Physics, y realizados por investigadores de todo el mundo, y en diferentes institutos científicos como el Columbia University Earth, Goddard Space Studies de NASAÉ, concluyen que la tierra disfruta en la actualidad de un «precario equilibrio»; los expertos sitúan al planeta cercano al «punto climático crítico», donde quizás no exista posibilidad de retorno. Así, por ejemplo, el CO2 (uno de los gases contaminantes) aumentó en la atmósfera de 280 partes por millón (ppm), cuando comenzó la industrialización, a los casi 390 ppm de hoy en día; la vida en el planeta azul se convertirá en peligrosa si sobrepasamos las 450 ppm. Desgraciadamente, es hacia donde viaja la Tierra; podemos decir, que su depósito esta casi lleno de CO2 (86%), y solo hay un 14% de esperanza.
El CO2 en la atmósfera hace que ésta atrape más calor y retenga mayor cantidad de vapor de agua, pero también una parte del CO2 producido por el consumo de combustibles fósiles, lo absorben los océanos. El mar también tiene las de perder en esta historia sobre el cambio climático, ya que el CO2 introducido en él, incrementa su acidez, lo cual a su vez pone en jaque a muchas especies, como por ejemplo a los corales que utilizan el carbonato de calcio para formar su esqueleto; y si éstos mueren, también se verán afectados otros invertebrados que forman parte de su cadena trófica. Otras evidencias demuestran que el calentamiento global, por ejemplo, estimula la formación de huracanes cada vez de más potencia, más devastadores, al menos en el océano Atlántico.
Temperatura y nivel del mar
Además, las capas de hielo en la Antártica y en el Ártico (aquí disminuye un 15 % cada 10 años) se encuentran en retirada, «evaporándose», por culpa del calentamiento global. La temperatura en la Tierra aumentó 0,6 ºC en los últimos 30 años, y el nivel de los océanos también aumenta con rapidez, y como consecuencia tendremos tanto inundaciones como sequías por todo el planeta, con gran amenaza para la biodiversidad. En los últimos 18.000 años (fin de la edad de hielo) el nivel del mar ascendió más de 120 metros. Los registro geológicos han cifrado que de manera global el nivel del mar subió entre 0,1 y 0,2 milímetros cada año de los últimos tres milenios, sin embargo, los datos obtenidos vía satélite de los medidores de mareas datan el ascenso del nivel del mar entre 1 y 2 milímetros/año, diez veces más, durante el siglo XX.
Los humanos han protagonizado con su actividad cambios en la atmósfera y en la superficie del planeta, en su hábitat, de tal forma (en poco más de 100 años), que si hubiera ocurrido alguno de ellos de forma natural hubieran tardado cientos de miles de años en expresarse.
Estos extremos climáticos no son nuevos para la Tierra. En África por ejemplo, hace 70.000 años, el clima era muy variable, sus lagos se secaban y volvían a llenarse, una y otra vez, con las consiguientes consecuencias (aparición y desaparición) sobre numerosas especies. Y en un determinado momento el clima se estabilizó y se volvió más húmedo, los lagos se llenaron de agua y los humanos de entonces estimularon su crecimiento (más individuos) y emigraron en busca de nuevos asentamientos para prosperar; por lo tanto, el cambio de un clima árido a húmedo alteró la evolución temprana del ser humano. Estas ideas, se basan en los resultados obtenidos en el lago Malawi (tercer lago más grande del hemisferio sur, con más de 700 metros de profundidad), y cuyas series de sedimentos climáticos son extraordinarios por su excelente conservación. Según los investigadores, y extrapolando sus resultados, las primeras zonas climáticas que desaparecerán este siglo XXI afectarán a algunos de los climas de las tierras altas tropicales y de las regiones cercanas al polo.
'Jaque' a la biodiversidad
Las universidades de California y Princeton (EE.UU) han establecido que la biodiversidad de las aves (8.750 especies de pájaros habitan hoy el planeta) estará amenazada por el cambio climático y la deforestación, en los próximos 100 años. En concreto, 400 especies de pájaros están en peligro de extinción en 2050, y entre 950 y 1.800 más en 2100. Estos y otros resultados han llevado a proponer, a la Universidad de Birmingham, como indicador biológico al «pingüino rey», como rastreador marino del cambio climático, buen buceador (cientos de metros) y excelente viajero a la hora de buscar sus alimentos (cientos de kilómetros).
Por otro lado, si la temperatura el planeta aumenta de 2 a 3 ºC en las próximas décadas, con respecto a los datos obtenidos al comienzo del siglo XX, el "Grupo Intergubernamental sobre Evolución del Clima" (IPPC), estima que más del 25 % de las especies estarán en peligro de extinción. El organismos internacional, cifra en estos momentos un aumento de temperatura media en 2100, entre 1,8 y 4ºC más. Quizás la zona más frágil del planeta sea el Ártico, donde la progresión del calentamiento es el doble que en otras zonas, y el oso blanco, entre los mamíferos de gran tamaño, su primera diana.
Hacia un planeta diferente
Entre este acúmulo de evidencias y cientos de modelos que trabajan sobre diferentes hipótesis climáticas, la Universidad de Oxford lanzó públicamente su proyecto «Climate Prediction». El objetivo es tratar el enorme volumen de datos que se disponen en la actualidad de forma estadística, utilizando el poder de cálculo de miles de ordenadores domésticos de todo el mundo trabajando en línea. Usted puede colaborar en el análisis del clima en www.climateprediction.net, una idea apoyada por la BBC que acaba de recibir el «Premio Europa» en la categoría de Internet.
Los primeros resultados del proyecto «Climate Prediction», indican por el momento, un aumento de temperatura para España de 2 ºC en 2020 (y hasta 4º C en el interior de la península), entre 4 y 6 ºC para 2050, y hasta 8 ºC en 2080. Una situación similar, en los aumentos de temperatura, se plantea también en las zonas centrales de Siberia, África y Norteamérica. Todos estos cambios tendrán, según los expertos, un coste global cercano al billón de euros en 2040, cuando estemos 4 ºC más calientes.
En conclusión, la actividad humana ha cambiado el clima y los próximos 10 años se plantean como claves para proponer soluciones y evitar una catástrofe o quizás la génesis de un planeta diferente. Buen viaje, y buena suerte.