Levante-EMV, Múnich
Cambiar al horario de verano podría darle a mucha gente una hora más de luz solar, pero parece que el reloj interno nunca se ajusta realmente a ese cambio, según informan investigadores alemanes. De hecho, el horario de verano puede causar molestias de temporada que podrían tener otros efectos sobre nuestros organismos, según un estudio que aparece en Current Biology.
«Cuando se cambian los relojes al horario de verano, no se cambia nada relacionado con el horario solar», explicó el investigador principal Till Roenneberg, de la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich. «Es una de esas arrogancias humanas, que podemos hacer lo que deseamos siempre y cuando tengamos disciplina. Nos olvidamos de que existe un reloj biológico que es tan antiguo como los organismos vivos, un reloj que no puede engañarse. El cambio puramente social de la hora no puede engañar al ritmo circadiano».
El ritmo circadiano de las personas sigue al sol y cambia dependiendo de dónde se vive. En realidad cambia en intervalos de cuatro minutos, exactamente el tiempo que el sol tarda en cruzar una línea de longitud. «Durante el invierno, hay un hermoso seguimiento del amanecer en la conducta de sueño humana, que se interrumpe de manera completa e inmediata cuando se introduce el horario de verano en marzo», afirmó Roenneberg. Y vuelve a la normalidad este año cuando regrese el horario estándar el 4 de noviembre.
El horario de verano podría ser una causa de nuestra falta de temporalidad. Por temporalidad, se refiere a que nuestro reloj interno está en sintonía con el cambio natural de la luz durante el año.
En el estudio, el grupo de Roenneberg recolectó datos de los patrones de sueño de 55.000 personas de Europa central. Los investigadores encontraron que el horario de sueño en los días libres de trabajo cuando entraba en efecto el horario de verano seguía la progresión estacional del amanecer bajo el horario estándar, pero no bajo el horario de verano.
«Si no cambiáramos al horario de verano, la gente se ajustaría al amanecer durante el verano y una vez más en otoño», afirmó Roenneberg. «Pero el horario de verano interrumpe este ajuste natural», añadió.