Levante-EMV, Nueva York
Científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, EE.UU), proponen que la sangre podría ayudarnos a pensar, más allá de su conocido papel como portadora de combustible y oxígeno para las células.
Según esta hipótesis, la sangre modula activamente la manera en que las neuronas procesan información. «Muchas líneas de evidencia sugieren que la sangre hace algo más interesante que tan sólo entregar suministros», explica el investigador Chris Moore. «Si modula el modo en que las neuronas transmiten las señales, eso cambia el modelo hoy aceptado de cómo funciona el cerebro», añade.
Según la hipótesis de Moore, los cambios localizados del flujo sanguíneo afectan a la actividad de neuronas cercanas, cambiando el modo en que se transmiten señales unas a otras y regulando así la información que circula; los primeros resultados del laboratorio de Moore apoyan este concepto, mostrando que el flujo sanguíneo modula a neuronas individuales.
La teoría de Moore tiene implicaciones para el conocimiento de enfermedades del cerebro como el Alzheimer, la esquizofrenia, la esclerosis múltiple o la epilepsia. Por otra parte, es común asumir que los síntomas de estas enfermedades son una consecuencia secundaria de los daños sufridos por las neuronas. Pero Moore y sus colaboradores proponen que algunas de esas anomalías también podrían ser un factor causal en el proceso de la enfermedad. Por ejemplo, las personas con epilepsia tienen a menudo vasos sanguíneos anormales en la región del cerebro donde se desencadenan los ataques epilépticos, y la nueva hipótesis sugiere que este flujo anormal puede inducir el ataque epiléptico. Si es así, medicamentos que modifiquen el flujo sanguíneo podrían proporcionar una alternativa a las terapias actuales.
¿Cómo podría el flujo sanguíneo afectar a la actividad del cerebro además de por la manera tradicional? La sangre contiene factores difusibles que podrían escapar de los vasos afectando con ello a la actividad neuronal, y cambios del volumen sanguíneo podrían alterar su concentración. Además, las neuronas y células de soporte podrían reaccionar ante las fuerzas mecánicas que ejercen los vasos sanguíneos al expandirse y contraerse; la sangre influye sobre la temperatura del tejido, lo que afecta a la actividad neuronal.
Esta hipótesis «Hemo-Neural» ofrece una manera totalmente nueva de ver el cerebro, porque nadie ha incluido el flujo sanguíneo en los modelos de procesamiento de información en ese órgano. Una excepción histórica es el filósofo Aristóteles, que sostenía que el sistema circulatorio era responsable de los pensamientos y emociones.