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La gestación, preparando el futuro

 
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Manuel Portolés

Cada vez tenemos más pruebas de que una buena alimentación de las madres durante la etapa que ejercen de incubadoras, es garantía de futuro saludable en sus hijos. En esta etapa feliz son necesarias unas 300 calorías extras por día, «calorías de calidad», para aportar nutrientes a un bebé que crece con rapidez, lo que se conoce coloquialmente como hay que comer para dos.
Al final de un embarazo sin complicaciones, una madre ha obtenido por término medio de 12 a 18 kilos adicionales, repartidos aproximadamente en: la placenta (0,7 kg), el líquido amniótico que protege al bebé (0,9 kg), los pechos y el útero que aumentan de tamaño (un kilo cada uno), la retención de líquidos corporales (casi 2 kg), el volumen de sangre adicional que es necesaria para mantener en funcionamiento la maquinaría de vida (1,8 kg), y el almacén de proteínas, grasas y otras moléculas que se depositan en la madre (3,3 kg), para finalizar la descripción con los 3,5 kg de peso del recién nacido.
Un estudio sueco realizado con 300.000 mujeres que publicó Journal of American Medical Association, hace un par de años, relacionó el peso de la placenta con el cáncer de mama; con más de 700 gramos el riesgo se duplica. Entre los culpables aparecen hormonas placentarias (estrógenos, progesterona y hormonas del crecimiento), y factores de crecimiento, incluída insulina, cuyas concentraciones plasmáticas se elevan durante el embarazo.
Las mujeres gestantes, además de ingerir calcio (impide la descalcificación ósea), hierro (necesario para fabricar la hemoglobina de los glóbulos rojos que transportarán el oxígeno a las células), y otros nutrientes en una dieta equilibrada, es recomendable un aporte extra de ácido fólico desde un mes antes de la concepción y durante el primer trimestre de preñez. El ácido fólico reduce un 70 % los riesgos en el bebé de nacer con defectos del tubo neural (origen del cerebro y de la columna vertebral), y evitar por ejemplo casos de espina bífida. Un estudio reciente realizado por el National Institute of Health (NIH, EE.UU) con 38.000 mujeres gestantes, presentado en la Society of Maternal-Fetal Medicine, indica que el ácido fólico además de prevenir algunos defectos fetales, ayudaría a reducir en un 70 % los riesgos de nacimientos prematuros, entre las semanas 20 y 28 de la gestación; hoy en día, las posibilidades de supervivencia después de 28 semanas flotando y encerrado en el nido materno, son mayores del 90 %. Esta protección se obtuvo mientras tomaron ácido fólico (400 microgramos al día) durante un año antes de quedarse en cinta, y que prolongaron su ingesta durante la gestación. Nacer antes de término (40 semanas) y cuanto más pronto se haga, puede acarrear graves problemas como un derrame cerebral, problemas intestinales y cardiovasculares, infecciones y retraso del crecimiento entre otras.
Otro estudio publicado este mes en la revista Thorax, y que vigiló durante 7 años a más de 500 madres gestantes, demuestra que la dieta mediterránea de calidad (pescado, frutas, verduras, legumbres, nueces, lácteos y aceite de oliva) protege «casi a la totalidad» a los recién nacidos del asma y las alergias; concretando, había que consumir, para obtener beneficios, verduras más de 8 veces por semana, pescado más de 3, y legumbres más de una vez. Y por el contrario consumir carne roja más de tres veces a la semana aumentaba el riesgo de estas patologías en los hijos.
Y aún más, la edición «Fetal-Neonatal» de la revista Disease in Childhood, decía hace unos días, que el suplemento de aceite de pescado (ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, omega 3) durante la gestación (las últimas 20 semanas) se traducía en un aumento de la atención, la coordinación entre ojos y manos, y mejora en el procesamiento neuronal en los dulces bebes.
Si como hemos visto, la dieta mediterránea es óptima para evitar alergias, la exposición de los pequeños al llamado «humo de segunda mano» (cigarrillos de los padres)puede desarrollar procesos alérgicos. Al menos así lo afirman científicos del Instituto Karolinska (Suecia) en Thorax, después de analizar la sangre (inmunoglobina E, IgE, liberada por el sistema inmunitario en respuesta a los alérgenos) de 2.500 niños de 4 años de edad. Lo curioso del tema es que a pesar de que el 8 % de las madres fumó durante la gestación, los investigadores no encontraron sensibilidad a los alérgenos por esta circunstancia y si al humo de sus padres, como puso en evidencia los niveles sanguíneos de IgE.
Finalizamos hoy, con un consejo para las madres, si quieren regresar al peso que tenían antes del embarazo, añadan a la dieta sana y a la actividad física, horas de sueño (más de 7) palabra de American Journal of Epidemiology. Que así sea.

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