Jose Luis Garci lleva a la pantalla los tremendos episodios de Madrid en 1808. El film registra con fidelidad la época, el ambiente castizo y sus inquietudes. La ciudad está indignada por la invasión francesa. Un siglo antes el pueblo de Madrid había expulsado al ejército austracista, ellos odiaban las imposiciones. Garci recoge el estilo de Galdós, personajes cotidianos son arrastrados por la tormenta histórica. La población recibe con inocente alegría a Fernando el Deseado, nadie imagina que poco después usará el ejército francés para imponer su absolutismo. El alcoyano Antonio Gisbert retrata el fusilamiento del liberal Torrijos, y consigue uno de los más importantes iconos contra el totalitarismo.
El relato usa como referencia visual dos óleos de Goya: La carga de los mamelucos el día 2 y Los fusilamientos el 3. Todos sabían la terrible orden de Napoleón a Murat, «si hay disturbios en las calles, use los cañones». Sin embargo, la indignación es incontenible. El director señala el cruce de conspiraciones. Las ambicionas personales manipulan la rabia popular. Aparece el fácil éxito del motín de Aranjuez que empujará a las masas hacia los días de furia. Guionista reconocido internacionalmente por La cabina, y oscarizado por Volver a empezar (82), Garci acomete con éxito el retrato histórico de un episodio transcendental. Era un desafío que se había hecho imprescindible.