30 de enero de 2009

Toni Mollà: «La pared maestra del discurso nacionalista debe ser el estado de bienestar»

24.01.2009 | 01:00
Josep Mª Pascual, Toni Mollà y Rafa Xambó.

Un libro sobre la independencia de Escocia da pie a buscar paralelismos con Cataluña

María Tomás, Valencia
Cuando a Pla le preguntaban si era español, el muy socarrón contestaba: más o menos. Un ejemplo que ponía el escritor Toni Mollà para resaltar que la definición identitaria de un pueblo «no siempre tiene un valor absoluto»; que la independencia «no es un fin en sí misma» y que el nacionalismo es «por definición, una expresión de la modernidad». Sus palabras formaban parte de un análisis del libro El camí cap a la independència?, Escòcia des dels anys 60. Una obra del escocés Murray Pittock que, editada por los ingleses (qué ironía), hace un seguimiento del movimiento nacional escocés desde los 60 a la actualidad, en que la independencia es una posibilidad. Por primera vez, el Partido Nacional Escocés ha ganado las elecciones al Parlamento y ha formado gobierno. Y ya se sabe que eso inspira.
El libro de Pittock ha sido traducido al catalán por la editorial de Josep Mª Pascual como primer paso de un proyecto más amplio sobre autores escoceses. El Club acogía en primicia la presentación de este libro en un acto organizado por el profesor de sociología Rafa Xambó, autor del prólogo en la versión catalana. El libro contiene un texto del primer ministro de Escocia, Alex Salmond, quien reconoce los «destinos similares» de Cataluña y Escocia y el hecho de que «las dos naciones tienen ese destino en manos de su gente». También, como dice Xambó, «que a ambos pueblos nos une la aspiración de conseguir más autogobierno». El epílogo es del presidente de ERC, Joan Puigcercós. Por su idoneidad.
Al hilo de las reflexiones, Mollà hablaba de nacionalismo cívico, más que del surgido de instituciones o partidos, sobre cuya influencia real dudaba mientras no haya una sociedad que cohesione el sentimiento y que, en su opinión, tampoco tiene que ver con introducir la lengua en las escuelas. Un nacionalismo, el que imaginaba para este país, inspirado en el escocés, «basado en una identidad cívica y, por tanto no étnica y, por tanto, no lingüística». Nacionalismo no arraigado a las comarcas sino a la ciudad como centro de redes sociales; a la concepción de un país con proyecto cultural más allá del interés político y a la idea, por eso hay un interrogante en el título, de que la independencia tiene que ver con un movimiento ciudadano con objetivos por sí mismos.
«La escocesa es una situación en la que el mensaje nacionalista se da por descontado y se contextualiza en un modelo que se debate entre la sociedad civil y el mundo político, algo que en el País Valencià no se ha hecho nunca». Como tampoco el publicar un ensayo como el de Pittock, alejado de lo que Mollà llamó «catecismo nacionalista, hoja de ruta o literatura gris de partidos». De hecho, consideraba que los textos posteriores a Fuster han sido «propuestas prepolíticas que fracasan en las elecciones». El escocés habla de una democracia que permite y respeta los referéndums y que tiene ínfimo interés en políticas lingüísticas respecto al gaélico.
Para Mollà, es necesario trabajar un nacionalismo «impregnado de todas las tramas de una sociedad multicultural que se integra con identidad propia en la globalización». Un discurso nacionalista «cuya pared maestra debe ligarse al bienestar de sus ciudadanos; en el sistema escolar, sanitario, de pensiones y de una radiotelevisión pública por la que vehicular mensajes», algo en lo que trabajan los escoceses inspirados en TV3. El mismo argumento que cohesiona a los nórdicos. «El hecho de disponer de condiciones económicas, sociales, políticas y tecnológicas que nos permitan vivir dentro de la globalización». Ese es el reto escocés y el de los nacionalismos europeos de las culturas minorizadas, señalaban.
El hecho de que los ingleses lo editen habla de «una democracia, un sentido común y un civismo que aquí no existe», decía el editor. La pregunta es: ¿qué ha pasado para que los escoceses empiecen a confiar en una alternativa nacional?
Pascual contaba que la traductora, Dolors Selis, había participado también en el Diálogo Nacional, un documento del gobierno escocés para preguntar a sus ciudadanos si querían ser independientes. «Es como si hubieran montado un departamento de independencia», algo impensable aquí. Este documento se tradujo al inglés, al gaélico y a las siete lenguas mayoritarias de la población inmigrante, lo que da idea de su intención. Las simpatías entre catalanes y escoceses son evidentes. Más allá del romanticismo, hay cuestiones sociológicas que asimilan ambas nacionalidades y otras que las diferencian. Los clubes de fútbol son ítems de referencia. Para los escoceses, de forma simbólica y pacífica. Y, como decía Xambó, el Celtic de Glasgow tiene la misma marca que el Barça. More than a Club. Por algo será.

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