M. Tomás, Valencia
Que Valencia es una ciudad de jazz donde encuentra nutriente una gran cantera de músicos talentosos es indiscutible. Los de mayor edad recuerdan la época dorada de los 80 en el Principal, el club Perdido o los Tres tristes tigres. De aquella experiencia subsiste hoy una red alternativa, la resistencia de músicos de jazz de gran calidad, siempre en busca de espacios donde tocar, siempre improvisando.
De otro lado está lo que ofrece la academia. La enseñanza reglada de los Conservatorios de Valencia y Castelló no se corresponde ni con el talento demostrado, ni con la demanda de los más jóvenes, ni con las posibilidades que ofrece la Logse. Los directores de ambos centros, Eduardo Montesinos (Valencia) y Vicent Campos (Castelló) exigen a la Dirección de Ordenación Académica la necesidad de impulsar seriamente la especialidad del jazz, como ha sucedido en otros centros de igual categoría en Cataluña, el País Vasco o Zaragoza.
La situación actual es que en el Conservatorio de Valencia, después de mucho pelear, este año se ha logrado la autorización para la especialidad, con sólo 3 profesores. Contrasta con los 23 de que disponen en la Esmuc (Barcelona). El resultado es que de 80 solicitudes de alumnos sólo se pudo admitir a 13. En el de Castelló, un conservatorio con 10 años de historia (frente a los 130 del de Valencia), la asignatura todavía se ofrece como optativa, al menos, para canalizar la inquietud de los estudiantes.