Más allá de los setenta, las ilusiones palpitan incontenibles y afloran como fuentes de vida. El director Di Gregorio lo recuerda en Vacaciones de Ferragosto, un relato con ternura y lleno de vitalidad.
Al otro lado del Tíber, en el antiguo Trastévere, a mediados de agosto el rigor de la canícula trastorna. En Roma sólo quedan los que no pueden escapar. En el 62, Dino Risi y Vittorio Gassman, con guión de Ettore Scola, lograron un título de culto: Il Sorpaso, con el escenario de los inquietantes días del Ferragosto. El protagonista, un solterón asistente de su madre y de tres amigas ocasionales no dispuestas a renuncias innecesarias, se ve desbordado por las ocurrencias de las señoras.
Las familias creen haber dejado en buenas manos a sus venerables mamme, pero el conflicto de personalidades tan distintas puede ocasionar situaciones impensables.
Gianni Di Gregorio rescata lo mejor de la comedia neorrealista que firmaron Risi y De Sicca, humor certero y sensibilidad social. La película muestra lo que queda del ya lejano miracolo italiano y sus seres olvidados.
Il Sorpaso describió el nacimiento del proceso con inquietud premonitoria, una larga sonrisa que se interrumpía abrupta. Vacaciones de Ferragosto elige el sentido inverso, avanza decidida en busca de la estimulante ilusión. Como quien inicia una esperanzada etapa de renovación.