Jonathan Demme, célebre por «El silencio de los corderos», presidente del jurado de San Sebastian 2009, confesó lo difícil de la elección con grandes candidaturas como «Génova», de Winterbotton, o «Camino», de Fesser. La gran vencedora fue «La caja de Pandora», de Yesim Ustaoglu, una historia de necesario trazo pausado sobre las diferencias generacionales y las ilusiones que no se pueden recuperar. En el filme, Nusret, una anciana, pierde la memoria y camina hacia la montaña inexplicablemente. Sus pasos sin alma la llevan al retiro final. Sus hijos se alarman e intentan rescatarla.
El relato incide en lo vulnerable de la actual generación. También aparece la Turquía de hoy, lo que queda del antiguo imperio otomano, el Bósforo y sus gentes, las secuelas del pasado, la modernidad que no llega. Según Orhan Pamuc, Nobel de literatura, perseguido en su país por sus denuncias, «la cultura occidental y la oriental no son diferentes; lo que une a los pueblos es el sonido del corazón». Para la frágil Nusret, su corazón le aporta la fuerza suficiente para pensar en sus hijos y le permite trasmitir a cada uno de ellos sus valiosos consejos: No hay que abandonar.
El mito griego de Pandora, personaje precursor de la Eva Bíblica según Robert Graves, sirve a la directora como eje argumental donde las contradicciones de la modernidad y la debilidad humana van apareciendo. «La caja de Pandora» es un optimista título sobre la irrenunciable capacidad de la mujer para luchar por los suyos y sobre la necesidad de no olvidar el valor humano de los que nos precedieron. Los tesoros deben cuidarse.