LEVANTE-EMV
En una zona rural cerca del mar Negro, una anciana nonagenaria se levanta como cada día e inicia las tareas cotidianas de la casa. Súbitamente la luz de sus ojos sufre un cambio radical, la mirada se pierde, los miembros parecen abandonarse sin la coordinación necesaria y la anciana comienza un indeciso paseo sin rumbo conocido. Así se presenta La caja de Pandora, cuarto largometraje de la directora turca Yesim Ustaoglu.
La protagonista del relato es una abuela que padece la enfermedad de Alzheimer en una etapa muy avanzada. En ese momento sus hijos tendrán que hacerse cargo de ella por su incapacidad para valerse por sí misma. Paradójicamente, durante el relato, aparecerán las limitaciones vivenciales de cada uno de los hijos. En momentos fugaces de lucidez, la madre irá señalando a cada uno de ellos cómo deben reconducir sus vidas. Entre la anciana y uno de los nietos, un estudiante universitario en peligro de fracasar, se establece una relación de entendimiento sorprendente y necesaria. Sobre sus película, la directora ha declarado que «Europa no está preparada para el reto del envejecimiento de la población. Las relaciones familiares están rotas, muchos ancianos prefieren la soledad de su casa a los asilos. La sociedad pierde sus ideales y objetivos, sustituye peligrosamente el idealismo por el conformismo».