Unos seres frágiles se sienten apresados por la soledad de la ciudad moderna, rodeados por gente muy cercana y a la vez muy distante. Buscan desesperadamente salvarse de su naufragio con la improbable esperanza de encontrar pareja. En «7 minutos», Daniela Fejerman, con la colaboración de González Sinde en el guión, desarrolla una simpática historia sobre una nueva forma de encontrar el amor, los encuentros organizados.
Quedan en el olvido los paseos dominicales por los soportales o las horas eternas en la disco. El problema es más que antiguo. Según Gregorio Marañón en su ensayo sobre la timidez y la soledad, Amiel, la media naranja existe, tan solo hay que encontrarla y reconocerla. En la comedia italiana, Gassman, soberbio y audaz, siempre las hallaba pero no las reconocía. Para su recuerdo nos deja una reflexión desconsolada que se le atribuye: Es un error no tener dos vidas, una para ensayar y otra para actuar. Fejerman acomete con éxito la difícil construcción de una comedia coral, se percibe la ironía de Cukor, los personajes son brillantes y divierten: la intelectual de emotividad contenida, el hombre paciente al que le sonríe la casualidad o la tranquila ama de casa a la que el infortunio le abre la esperanza. «7 minutos» es un estimulante relato que nos recuerda que los dioses no descansan, nadie está libre del caprichoso índice de la fortuna ni de los certeros dardos del persistente Cupido.