MARÍA TOMÁS
Un alto ejecutivo recoge un corazón encendido de manos de una niña. No es un infarto, como podría desprenderse de las tensiones de esta vida de estrés que proporciona la economía y sus reajustes. Es una reflexión con imágenes, pero sin palabras, surgida del Máster Gesta en Gestión del Talento de la Universitat de València que, dirigido por Roberto Luna-Arocas, reclama más corazón en las relaciones profesionales y empresariales. Porque la inteligencia emocional a la hora de trabajar repercute en una mayor o mejor productividad; porque la baja productividad está condicionada en un 70% por la baja calidad directiva, lo que se conoce como los jefes tóxicos. O también, porque uno de cada tres empleados mandaría a su jefe al psicólogo clínico, que se dice pronto.
Son algunas de las pinceladas comentadas que surgieron en el Club Diario Levante. Se proyectaba el cortometraje «La semilla del talento», dirigido por Emilio Sirera con la colaboración de José Luis Herranz y Victor Aleixandre, de la empresa cultural Viviendo del Cuento, Grupo Atman.
El trabajo sería un cortometraje al uso si no fuera porque es el resultado de lo que, en materia de recursos humanos se conoce como outdoor training (en castellano, entrenamiento en el exterior). En este caso, todos los alumnos del máster, un total de veintiuno, se reunieron en una nave industrial durante día y medio para participar en el cortometraje, interpretarlo y darle alma. En definitiva, para trabajar también su talento innato y espontaneidad ante la cámara.
La propuesta, surgida de Luna, permitía combinar varios valores de la gestión empresarial: trabajaban en equipo, con un objetivo común y una presión de tiempo. «Eso logró que nadie pensara en sus egos e individualidades sino que trabajara en busca del objetivo común, que era acabar el rodaje». El resultado se puede ver en youtube. «Como suele pasar cuando trabajas con gente de talento, todo ha resultado muy fácil», explicaba Luna. Su reflexión es que hoy, más que nunca, el futuro de las organizaciones depende de la adecuada gestión de su potencial humano. Y ese cambio viene de adentro de cada uno. A la altura del pecho a la izquierda. De ahí la semilla plantada en los nuevos técnicos de rr hh con el máster.
«El concepto de talento proviene de esa capacidad de cambio, de innovación, de creatividad en la que todo se mezcla». En su opinión, «todos tenemos un talento oculto y toda organización es capaz de desarrollar el potencial de las personas y establecer una auténtica gestión de talento. Solo hay que ponerlo en práctica», incidía Luna.
Del coloquio se desprendía que la empresa es un ente etéreo que no existe. «Somos las personas las que tenemos capacidad de cambiar las cosas y no hay que olvidar que las conquistas se hacen poco a poco», señalaban. Y si no, como dijo un profesional desde el público: «las empresas, como las personas, somos un equilibrio de mente y corazón. No es que sean tóxicas sino orientadas monotarea. Viene bien, pues, meter corazón, emoción, sentimiento…es otra forma de ver las cosas».