Cuando el estado enloquece, nadie puede quedar inmune. El aire enrarecido llega a todos. Campanella inicia su historia en la época de la dictadura argentina y muestra en sus personajes las huellas de ese tiempo tenebroso. El director sorprende con un film complejo y sin aristas. Un relato policial, en la línea del Hammet que inspiró a Huston para el Halcón maltés, es enriquecido por subtramas que nos hablan de la amistad, la lealtad, el amor, la renuncia y nos muestra los estragos que dejaron los militares, las secuelas del silencio, la prisión más cruel para una generación. Un personaje tras los barrotes balbucea desesperado: «sólo quiero que me hablen». El relato atrapa con personajes imprevisibles y diálogos certeros. En un clima de comedia, el drama avanza y la digitalización deslumbra. Impresionante el homenaje a la pasión por el fútbol, a un erudito del deporte le sigue una cámara aérea que penetra en las entrañas de un estado enardecido. El director transforma un thriller en un amplio óleo, como en un Bosco o un Brueghel, los personajes monstruosos nos sobrecogen porque se impone un paisaje esperanzador. El secreto de sus ojos es una conmovedora película sobre supervivientes que con su armonía invita extrañamente a disfrutarla otra vez. Quizá sea porque aún quedan preguntas sin respuesta.