¿Qué hace un filólogo metido a historiador?
Es verdad que mi especialidad es la lingüística aplicada, pero a raíz de unas cartas que me llegaron de mi familia sobre mi tío Manuel García Alegre y su participación como legionario en la represión de la Revolución de Octubre del 34 en Asturias, me puse a hurgar e investigar en los registros militares y en los archivos de la Legión…
A modo de reto personal…
En efecto. Nadie sabía nada de mi tío y me pregunté por qué razón este hombre permaneció en el anonimato. Sólo podía saber algo a través de los partes de guerra del teniente coronel Juan Yagüe, bajo cuyo mandato estuvo mi tío, pero esas memorias de campaña aún no están publicadas y están custodiadas por su hija en Burgos. Por las cartas de Manuel García, escritas a lápiz, supe que murió en Oviedo, pero no a consecuencia del combate, sino por una tuberculosis. Estuvo internado en el Hospital Provincial y enterrado en el Cementerio de Oviedo en febrero de 1935.
¿Cuál fue su papel en la Revolución de Asturias?
Él participó en los enormes combates a la entrada de Oviedo y en el Barrio de San Lázaro.
Se sabe que el Tercio y los Regulares cometieron auténticas barbaridades en Asturias.
A partir de la Guerra del Rif, los legionarios cogieron fama de combatir con mucha violencia. Primero, lo hicieron los legionarios con los moros; luego, los moros con los legionarios y, finalmente, cuando entraron en Asturias, los moros lo hicieron con los obreros y la población civil. Fue una especie de reconquista de la península. Cuentan los narradores y mi tío en sus cartas que se cometieron muchísimas atrocidades, pero no creo que él fuera consciente de que hubiera que hacerlo de esta manera. Mi tío comenzó su carrera profesional en la Legión como una fantasía romántica.
Sin duda, se trata de una las páginas negras de la historia de España.
Hay que tener en cuenta que, a diferencia de los Regulares, los miembros del Tercio eran soldados profesionales y no podían combatir en territorio nacional. Fue diseñada para luchar en las colonias, pero el hecho de que el presidente del gobierno, Alejandro Lerroux enviara estas tropas a combatir a Oviedo fue porque pensó que era una tropa hecha para la guerra.
Pero, ¿Lerroux sabía de la crueldad de la Legión?
Él simplemente dio las órdenes al Ministro de Guerra y éste, a su vez, al General Franco, responsable del Estado Mayor, quien encomendó al General López de Ochoa entrar con las tropas en Oviedo.
Y de la historia trágica de su tío a las causas de la Revolución de Octubre del 34…
Conforme fui profundizando, me vi obligado a saber más sobre unos acontecimientos poco conocidos. Sólo en Asturias se ha prestado atención a la Revolución del 34; el resto de la izquierda española se ha lavado las manos y nadie quiere hablar del tema.
¿Miedo a no ser objetivos?
Yo creo que es incómodo. Que yo sepa sólo hay dos libros que se van a publicar ahora con motivo del 75 aniversario. El del historiador Luis Togores, «La República y la Guerra Civil 70 años después» y el mío. Nunca se puede ser objetivo en la historia. Cuando se estudia e investiga un episodio el pasado hay que interpretarlo y no hay nada de malo en ello.
¿Por qué es incómodo para la izquierda española hablar de este episodio revolucionario?
Hay que formular hipótesis. Lo que ocurrió en Asturias fue una especie de leyenda romántica. Primero, porque duró poco tiempo, como una pesadilla, un sueño, y, segundo, tuvo una dimensión ideológica enorme. ¿Cómo es posible que los asturianos fueran capaces de montar la revolución a pesar de que sabían que en el resto de España, sobre todo el partido socialista, había dejado de participar? El asunto era ocupar Madrid desde la izquierda, pero los asturianos se quedaron solos.
Y ¿qué hay de las causas?
Además del aspecto ideológico, político y de lucha de clases, la Revolución del 34 puso de manifiesto otros aspectos como fue el tema de la lengua, lo que llamaríamos vitalidad etnolingüística. Los asturianos son asturianos, como los catalanes son catalanes, y eso forma parte de la motivación que empuja a un pueblo a las armas. Otro aspecto importante fue el religioso.