JOSEP LLUÍS GALIANA VALENCIA
"Es un libro de infancia, y un libro de viajes, y un libro de historias recuperadas. Un libro para quienes se han asomado al fin del mundo y han regresado para contarlo". Así define la escritora Espido Freire su ensayo Hijos del fin del mundo. De Roncesvalles a Finisterre, que fue presentado el pasado jueves en el Club Diario Levante en el marco de las actividades culturales programadas por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de la Comunitat Valenciana. Ganadora del IV Premio Llanes de Viajes 2009 que convoca Imagine Ediciones, la nueva obra de la escritora bilbaína es un viaje interior, no físico, y de recuperación de una infancia. "Mi viaje, contó Freire, surge de mi experiencia de cuando lo recorría de pequeña con mis padres en su regreso anual a su añorada tierra gallega, a su aldea de A Coruña. Era un Camino de Santiago adulterado, con prisas por llegar y sin disfrutar del mismo." Y así es como Freire inicia en septiembre de 20o8 su peregrinaje desde Roncesvalles.
"Desde el principio, explicó la ganadora del Planeta en 1999, me planteé escribir sobre el Camino de Santiago, pero desde mi visión como escritora. Tenía claro que no quería escribir una guía de viajes. De lo que yo quería hablar era de lo que significa el Camino en cuanto a lenguaje, a cultura y a recuperación del pasado, mi pasado. También me interesó la idea de que ese Camino finaliza en el perdón."
Historia y reflexión
La publicación de este libro poliédrico, en el que la autora referencia su narración/viaje con numerosos y sorprendentes hechos históricos, acoge en sus páginas reflexiones sobre temas de actualidad como los sentimientos identitarios, el feísmo gallego, la exclusión etnolingüística en Euskadi y un largo etcétera. Todo ello enriquece sobremanera un relato apasionante en sí mismo por la fuerza que contiene como viaje iniciático y de recuerdos, y que no deja indiferente al lector. "Este libro, trasladó la autora, ha despertado cierta polémica y envidias de si soy vasca o gallega, o ambas cosas". Difícil disyuntiva en un país marcado por la territorialidad y los hechos diferenciales y que Freire resuelve con rotundidad en su libro: "Mi patria es aquel lugar en el que se habla un idioma que comprendo".
"El Camino es una red que atrapa a mucha gente distinta, pero cada agujero es irregular. Entre las personas que hacen el Camino de Santiago -explicó la autora de Irlanda- existe una gran diferencia de quien está impelido por un dolor interno, por una herida, de quien viene por nostalgia porque lo ha pasado muy bien y ha convertido en un hábito recorrer el Camino cada año, y los novatos. Hacer el Camino de Santiago, desveló Freire, despierta la sensualidad, un hacer por puro placer como comer, descansar sobre la hierba, conversar y compartir el proceso del peregrinaje."