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El objetivo recoge la placidez del horizonte mediterráneo al atardecer. Lentamente aparece la sombra de una embarcación sobrecargada. La cámara entra en la bodega atestada de inmigrantes. Todos sueñan con llegar al paraíso. La sirena de un guardacostas rompe el silencio y varias ráfagas de ametralladora avisan que serán implacables. El sueño ha terminado.
El cineasta franco-heleno Konstantin Costa Gavras (Atenas, 1933) realiza en su último largometraje, Edén al oeste, un retrato profundo sobre la tragedia de los «sin papeles». Acerca de su protagonista, Costa Gavras ha declarado que «él representa a todos aquellos que abandonan su país para sobrevivir, huyen del hambre o de la guerra, o de ambas cosas.» Este personaje, llamado Elías, está interpretado por Riccardo Scamarcio, conocido actor italiano por su papel en la popular superproducción Mamma mia que en este filme realiza un encomiable esfuerzo para transmitir todas las emociones de su personaje con cortos diálogos. Cabe destacar también la actuación de la actriz alemana Juliane Koehler, conocida por su rol de Eva Braun en El Hundimiento. Ella encarna a una turista madura encantada de encontrar a Elías y convertirlo en un éxotico objeto erótico.
En su largo camino, Elias irá conociendo todo tipo de europeos, los que le ayudan y los que no. Huyendo del guardacostas, llega a la playa de un hotel de nudistas de cinco estrellas, protegido como una fortaleza, de donde no se puede entrar ni salir. Sin embargo, él conseguirá iniciar desde allí su aventura hacia París, la ciudad donde le han contado podrá encontrar trabajo y sobrevivir.
Edén al oeste es un documentado análisis sobre el traumático itinerario de la inmigración, transformado en un relato de acción. El director ya ensayó este planteamiento en títulos anteriores como la oscarizada cinta, basada en hechos reales, Missing (Desaparecido), de 1982, que narra el horror del pinochetismo y la desaparición de un periodista norteamericano; en Hanna K, con guión de Franco Salinas, nos traslada al drama palestino, y, más recientemente, en Amén, de 2002, en la que Costa Gavras desvela el silencio cómplice de la diplomacia vaticana ante las evidencias del holocausto judío.