FERNANDO FRANCO
na pequeña parisina percibe al llegar a la edad de la razón que algo no cuadra a su alrededor. A su padre le obsesiona el éxito y su madre lleva años de dependencia entre los ansiolíticos y su asesor mental. Paloma se fija en la portera de su casa a la que todos ignoran y piensa que tras su silencio hay un interesante territorio por explorar. La cineasta Mona Achache lleva a la pantalla el conocido «best seller» de Muriel Barbery. La extrapolación está realizada con gran fidelidad. Las subtramas se entrelazan suavemente mientras las notas de un cello confieren elegancia al relato. El erizo es un film de personajes fascinantes y sorprendentes. Gracias al DVD, la portera se cita en secreto con joyas cinéfilas. Chabrol afirma que el cine es la puerta de todas las artes. La protagonista disfruta de Mahler y Tolstoi a escondidas porque piensa que a nadie le interesa una portera inteligente. Probablemente sus vecinos han olvidado que un modesto quiosquero, Rouaud, alcanzó el Goncourt 90 compartiendo honor con Proust, Malraux y Durás. El erizo es un canto a la felicidad posible, al milagro del arte como conquista de la inteligencia humana. Una esperanza sobre la suprema capacidad de saber encontrar un siempre dentro de un aparente jamás.