Michael Moore inició la producción de su última película antes del estallido de la gran crisis. Lo que iba a ser un aviso se ha transformado en una denuncia. Más que eso, «Capitalismo: una historia de amor» es un compendio ordenado de la secuencia de episodios que han llevado hasta la gravedad del problema.
Moore tiene fuentes apropiadas. Su abuelo participó en las protestas sindicales del 36, su padre trabajó toda su vida en un gigante de la automoción, ahora en agonía. En el filme aparecen voces solventes, congresistas que indican como las maniobras de unos cuantos neutralizaron los sistemas de control desatando riesgos incontrolados.
El cineasta norteamericano también retrata el enfrentamiento ideológico entre demócratas y republicanos. El candidato del cambio es estigmatizado como socialista. Se recuerda a Roosevelt, quien ofreció protección a los desheredados. El documental propone que en Norteamérica la democracia debe imponerse al Capitalismo. Una paradoja hoy que el rival por la hegemonía crece con su capitalismo de estado. Después de la tormenta llega la calma.
Recientemente, el presidente Barak Obama ha prometido ante las víctimas de la destruida Nueva Orleans: «No habrá más Katrinas. El cambio es difícil, pero no me rindo ni me canso». «Capitalismo…» es una espejo de la tragedia que, denunciando sus causas, ofrece la verdadera esperanza.