La voz de un anciano recuerda extraños episodios sucedidos hace muchos años en un pequeño poblado campesino del norte de Alemania. Todo empezó con un misterioso accidente: el caballo del médico rural fue derribado porque alguien había puesto a su paso un cable tensado, casi invisible. La policía no fue capaz de encontrar a los culpables y entre los habitantes se desataron los rumores sobre los motivos y sobre quiénes podrían ser los criminales causantes del atentado.
El director bávaro Michael Haneke (Múnich, 1942) vuelve con su inquietante estilo para reflexionar acerca de las profundidades mentales en las que pudo nacer la violencia colectiva del nazismo. Utilizando el blanco y negro como elemento de tensión narrativa, el cineasta relata una serie de inesperados acontecimientos violentos y trágicos que sucedieron en la Alemania de 1913-14, dentro del clima previo al estallido de la Primera Guerra Mundial. Haneke describe con minuciosidad las tensas relaciones sociales de la época, que van creando un ambiente opresivo y sórdido entre los personajes. En ese pueblo, gobierna con despotismo un barón autoritario, propietario absoluto que impone a sus campesinos duras condiciones de trabajo, aunque pretende compensarles paternalmente con la comida anual de la fiesta de la cosecha. El lujo con que viven el barón y su familia fomenta un creciente y callado odio entre los angustiados labradores. En el pueblo, un pastor luterano impone a los niños una educación férrea, basada en la culpabilidad y los castigos desmesurados en nombre de los deseos divinos. Mientras tanto, los inexplicables sucesos continuarán sorprendiendo a todos sin que nadie pueda imaginar quiénes son los causantes. La cinta blanca ha obtenido la Palma de Oro en la última edición de Cannes, el Premio al Mejor Director por la Academia de Cine de Europa y es candidata al Oscar de este año representando a Alemania.
Sobre su interés de centrar la historia en un pueblo alemán, poco antes de la primera gran guerra, Haneke ha respondido: «Mi objetivo era presentar a un grupo de niños a quienes se inculcan valores considerados absolutos. Si un principio o un ideal, sea político o religioso, es considerado como absoluto se convierte en inhumano y puede llevar al terrorismo. En mi película, afirma el director alemán, los niños aplican los ideales al pie de la letra y castigan a los que no los respetan. No hablo sólo del fascismo sino del problema universal del ideal pervertido.»