LEVANTE-EMV.COM
A Katie (Alexandra Lamy), una joven madre soltera francesa, cada día le cuesta más levantarse por la mañana. Su niña de siete años prepara el desayuno y con madurez precoz comprende la fatiga de su madre (en la fábrica donde trabaja no hay un instante para descansar). François Ozon (París, 1967) aborda en su último film, Ricky, la dureza de la vida contemporánea para una familia con pocos recursos.
Entre el análisis social y la metáfora fantástica, Ozon llama la atención por la crisis del núcleo familiar cuando la precariedad se impone. La protagonista vive en un humilde bloque de viviendas sociales. Su pareja la dejó sola con una niña pequeña y ella se puso a trabajar en una empresa donde el proceso de fabricación es agobiante. Katie conoce a otro compañero, Paco (Sergi López), un trabajador español atractivo y cariñoso. Entre ellos se establece rápidamente una relación afectiva intensa y deciden vivir juntos. Muy pronto, Katie queda embarazada y parece que al fin la felicidad ha llegado. Sin embargo, el recién nacido es muy diferente, extraordinario, y llama la atención de la comunidad científica y de los medios de comunicación que intentan conseguir un reportaje sobre el pequeño. Todo esto pone a prueba la solidez de los lazos entre la pareja. Todos quieren al niño pero se hace inevitable que surja la desconfianza entre los padres. Katie es una mujer endurecida por la vida y llega a tomar una decisión extrema: su pareja debe abandonar el hogar. Paco piensa que es injusto y se siente ofendido, pero lo acepta sin pronunciar ningún reproche.
Inspirada en la obra La luciérnaga, de la novelista inglesa Rose Tremain, Ricky es una realización que quiere mostrar como viven los desheredados en la Europa moderna. Sobre la adaptación del original, François Ozon ha comentado que «la ironía de la autora encaja conmigo y he querido mantenerla en la película cuando la historia toma un cariz demasiado extraordinario. Lo que me conmueve no es tanto el aspecto fantástico sino la forma que tiene la historia de hablar de la familia, del lugar que ocupamos en ella, de cómo la llegada de un nuevo miembro perturba su equilibrio ya sea un nuevo cónyuge o un niño.»