Fue una sorpresa en Cannes (1999) cuando los poco conocidos hermanos Dardenne alcanzaron la Palma de Oro por «Rosetta», el relato sobre una joven belga que lucha por salir de la marginación. El espectador europeo quedaba impactado ante la intensidad de un drama que creía situado en otro tiempo y lugar. El presidente del jurado, Cronenberg, calificó el film como «cine de presente y futuro». François Ozon es un experto en el retrato exhaustivo de la personalidad femenina. Ya lo hizo con Catherine Deneuve sobre el desencanto marital en «8 mujeres», y en «Swimming Pool», con Charlotte Rampling, describió el doloroso reencuentro con el propio ego. Después de una década de «Rosetta», Ozon muestra con «Ricky» la desesperanza de una joven francesa sola intentando salir adelante con su niña. El cineasta galo introduce un elemento fantástico dirigido a la imaginación del espectador. Cuando la pequeña familia cree haber encontrado la estabilidad surge un hecho sobrenatural para el que nadie está preparado. El instinto maternal de la protagonista no es suficiente. La incomprensión de su entorno la dejará aislada. Ozon es contundente cuando muestra el drama humano. Un breve «flash back» inicia su película en el que Katie, desbordada por la precariedad, decide entregar sus hijos a la protección social. «Ricky» es un retrato de actualidad sobre la fortaleza de una mujer y una reflexión sobre la crudeza de su soledad.