Su personalidad se formó en el correccional. Recién llegado a la cárcel, tiene que improvisar. No quiere delinquir, pero las circunstancias obligan. Jacques Audiard, formado junto a Roman Polanski, rescata lo mejor del cine «noir» y nos trae «Un profeta». El relato de un personaje ambiguo, frágil, temible y huidizo, pero contundente, «un tigre en la selva», diría Jean-Pierre Melville. Lo mejor de «Un profeta» es que después de un eficaz despliegue de recursos visuales se crea una extraña empatía con el conflicto del protagonista. En la prisión, el capo se lo dice muy claro «o matas por nosotros o nosotros te matamos a ti». A finales de los cuarenta, un joven corso condenado a guillotina escribió sus recuerdos en la prisión parisina de La Santé. El éxito editorial le valió la libertad. Años después, se cambió el nombre y como José Giovanni firmó el guión de «Le trou» (1960), una obra maestra del género carcelario. «Un profeta» nos hace evocar el estremecimiento que producían los barrotes de La Santé y la angustia que vivían sus personajes. Sólo que entonces el exterior era inalcanzable y en la película de Audiard, para el protagonista, no hay muro que le contenga. En su filme, el director compone a la perfección un drama intenso que desborda los límites de la reclusión para trasmitir la historia de un personaje límite capaz de imponerse a su realidad. Entre el debate de Hobbes, «el hombre es un lobo para el hombre», y el de Rousseau, «la sociedad es quien corrompe», el protagonista no tiene tiempo para pensar y debe resolver apelando a su instinto. Para sobrevivir hay que traicionar. El problema vendrá cuando salga en libertad.