JOSEP LLUÍS GALIANA
Un año más, el Club Diario Levante conmemoró el Día de la Mujer Trabajadora con la celebración de una conferencia a cargo de la periodista y lingüista valenciana Marta Salvador Vélez. Bajo el título Eliminando el lenguaje sexista, o de cómo nombrar lo que sí existe, la ganadora del primer premio del IX Concurso de Relatos de la Dirección General de la Mujer y por la Igualdad de la Generalitat Valenciana propuso una interesante estrategia en cuatro fases para evitar el lenguaje machista y sus devastadoras consecuencias.
«Para eliminar el lenguaje sexista —explicó Salvador— es imprescindible reconocerlo allí donde aparece, es decir, en todas sus manifestaciones, intencionadas o no, que escuchamos, leemos y pronunciamos a diario.» La lengua española es especialmente sexista, excluye a las mujeres, dificulta su identificación, «está plagada de expresiones, como "coñazo", "la parienta" o "sus labores", que asocian a las mujeres a valoraciones peyorativas, de forma que contribuyen a perpetuar la situación de postergación del sexo femenino».
La Sociología del lenguaje, que es la ciencia que estudia la relaciones entre lenguaje y sociedad, nos indica que pertenecemos a una comunidad lingüística que modela una lengua a su capricho y que ve, piensa y siente en función de su lengua. «El lenguaje machista, insistió la responsable de www.fabricadecultura.com, es discriminatorio y parcial, invisibiliza a las mujeres a través de nombres genéricos masculinos, e impone barreras arbitrarias e injustas al desarrollo personal y colectivo, marcando la posición de subordinación de la mujer en la relación de los sexos. El hecho de no nombrar a las mujeres supone no respetar uno de los derechos fundamentales: la existencia y su representación en el lenguaje.»
La lucha contra el lenguaje sexista se encuentra con muchas dificultades debido a las normas impuestas por el dominio masculino en la mayoría de ámbitos: Academia de la Lengua Española, política, medios de comunicación, universidades…, «que se empeñan en ridiculizar el lenguaje feminista enarbolando principios como la economía del lenguaje, la tradición o la no aceptación social, principios que perpetúan el androcentrismo y la invisibilidad de las mujeres», señaló la experta.
Nombrar la diferencia
Superadas las fases de detección y explicación de las causas y las consecuencias de la existencia del lenguaje machista, Marta Salvador propone la modificación de esta tendencia tan arriagada en la lengua y la sociedad españolas. Y para ello «es imprescindible nombrar la diferencia, incluso transgrediendo las reglas de la RAE, reivindicando desde nuestra pequeña experiencia que se nos nombre y haciendo visible tanto el papel de las mujeres fuera del hogar como el de los hombres dentro de él. Si conseguimos que el lenguaje no machista sea la forma de expresión general, lograremos que términos como "la jueza", "la técnica", "la arquitecta" o "la médica" no suenen ajenos a nuestra lengua y que quienes tienen el poder de otorgarles validez lo hagan. Juntos —proclamó Salvador— conseguiremos que los términos feministas entren en nuestros diccionarios con menos dificultad que muchos anglicismos como "Internet", "cederrón" o "free lance".»