30 de enero de 2011
30.01.2011

Los hombres de la selva que tenían miedo a trabajar

Investigación. Una leyenda de Borneo asegura que los orangutanes ocultaron su capacidad para hablar al ver que los humanos se organizaban en comunidades.

30.01.2011 | 06:30

La primatología parecía cosa de mujeres en la década de los 70 del siglo pasado cuando Jane Goodall, Diane Fossey y Biruté Galdikas destacaban en una especialidad entregada cada una de ellas al estudio de una especie distinta. Las tres trabajaban al amparo de Louis Leakey, patriarca de una familia que ha colocado su apellido junto a muchos de los hitos de la paleontología en el último medio siglo.
Leakey trataba de desandar el camino evolutivo de los humanos, de conocer a sus ancestros. Jane Goodall, premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en 2003, centró su estudio en los chimpancés; Fossey lo hizo con los gorilas; y Galdikas se dedicó a los orangutanes de Borneo. Las tres abrieron el conocimiento a parientes con distintos grado de lejanía. De los chimpancés nos separan seis millones de años, período en el que nuestros respectivos genomas divergieron apenas un 1%. Hace unos 10 millones de años nos distanciamos de los gorilas y hace unos 12 de los orangutanes, cuyo genoma compartimos en un 97%, según la investigación dada a conocer en Nature esta semana y en cuyo desarrollo participó un equipo asturiano que dirige Carlos López Otín.
El lenguaje distanció a los hombres de los orangutanes, que decidieron subirse a los árboles para huir de los hombres, según una leyenda de Borneo. Mientras los primeros dejaban la selva y se organizaban en grupos, los orangutanes disimularon su capacidad verbal para que los humanos no los pusieran a trabajar.
Leyendas al margen. ¿qué fue lo que provocó la divergencia entre los humanos y el resto de los primates? La respuesta puede estar en la enfermedades, según el equipo de López Otín. La investigación muestra que nuestro sistema inmunológico, junto con el reproductivo, estuvieron sujetos a «una gran presión evolutiva». «Hubo infecciones muy importantes o grandes epidemias, no aisladas ni en un momento concreto, que propiciaron que nuestro sistema inmunológico fuera más activo que el de otros primates. Sobrevivieron los que tenía esa mayor actividad inmunológica, que no supone sólo ventajas porque lleva aparejados los inconvenientes de que requiere más energía y supone para los individuos que la tienen un mayor peligro de enfermedades autoinmunes».Así, «fue esa lucha contra los parásitos la que propició cambios genéticos individuales, de los que eran portadores los sujetos más resistentes, cambios que se fueron fijando progresivamente por vía reproductiva hasta entrar en un proceso de especiación.
Lejos quedaron esos seres que sobreviven en las selvas de Borneo y Sumatra y que han creado una cultura propia, son capaces de utilizar herramientas propias para hurgar en los hormigueros o acceder a la miel silvestre y hasta han desarrollado un peculiar lenguaje con el que se despiden al terminar el día.

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