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La importancia de la figura paterna

El cineasta turco Semih Kaplanoglu reflexiona en «Miel» sobre las contrariedades del mundo desde la mirada de un niño

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LEVANTE-EMV VALENCIA ­
Yusuf, un niño de 6 años e hijo de un recolector de miel, está preocupado. Hace varios días que su padre se internó en el bosque y no ha vuelto. Aunque su madre trata de ocultar su angustia, el niño percibe que algo grave está pasando. En su inconsciencia infantil, Yusuf piensa adentrarse en el bosque y seguir una senda desconocida con la esperanza remota de encontrar a su padre.
En su último largometraje, Semih Kaplanoglu (Izmir, Turquía, 1963) reflexiona sobre las contrariedades de la vida, desde la mirada inocente de un niño. Yusuf es observador y admira a su padre. Su existencia en un pequeño poblado en una zona montañosa está llena de episodios. El director ha asignado un especial protagonismo al entorno. «Para Yusuf y su padre Yakup, el bosque es un lugar mágico lleno de misterios, explica el director, y es mucho más que el sitio donde van a buscar su sustento. Es otro mundo poblado de viejos e inmensos árboles, criaturas misteriosas como la mula y el gavilán que les acompañan».
Galardonada con el Oso de Oro de Berlín en 2010, Miel es la tercera película que Kaplanoglu realiza sobre Yusuf, un personaje con elementos autobiográficos y con el que el cineasta profundiza en la intimidad humana siguiendo una secuencia inversa. Primero rodó Huevo (2007), acerca de la madurez, luego siguió Leche (2008), en torno al final de la adolescencia y concluye con Miel, donde retrata la infancia. Sobre su trabajo, el director ha comentado que «no puede decirse que la trilogía de Yusuf carezca de figura paterna, sobre todo después de ver el poderoso lazo que une al padre y al hijo en Bal/Miel. Pero se trataba de mostrar cómo vive Yusuf la ausencia posterior del padre, cómo compensa la ausencia. Visto desde la psicología, la temprana pérdida del padre explicaría la relación autoritaria con su madre en Süt/Leche. Puede que explique su fragilidad, introversión y falta de decisión en Yumurta/Huevo. Pero no me ocupo de psicología en mis historias. Intento reflejar, retratar una situación a un nivel más espiritual».
En la película adquiere especial importancia la actuación del pequeño Bora que debuta interpretando a Yusuf. Un trabajo de gran dificultad que apoyó personalmente el director. «Durante el rodaje, Bora Altas tenía siete años y se parece poco a Yusuf; es muy sociable. No fue fácil transformarle en Yusuf. Le expliqué, dice Kaplanoglu, cómo era Yusuf, escena a escena, y desarrollamos un vínculo basado en la confianza. Bora tuvo el valor de entregarse, pero siempre tuve cuidado de no abusar de su confianza y admiración. Es una experiencia que me ha enseñado mucho. Al no tener hijos, carezco de experiencia con niños. Pero nunca olvidaré el entusiasmo y el esfuerzo de Bora, ni de los otros niños», afirmó el cineasta turco.
Aunque los tres títulos son relatos autónomos, la distribuidora en España ha decidido estrenar la trilogía de Yusuf siguiendo la evolución vital del personaje.

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