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Todo el mundo quieto

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Fernando Franco

El inicio de los 80 para quien quisiera autoconvencerse, las aguas bajaban tranquilas. El ruido de sables parecía moderarse. Tejero era sancionado por la Operación Galaxia y el jefe de la Brunete, división acorazada cerca de Madrid, era trasladado. En «23-F. La película», el cineasta Chema de la Peña recrea con realismo el audaz asalto sobre el Congreso de los diputados que dejó quieto a todo el mundo. En el exterior, lo que verdaderamente preocupaba era Valencia, toda una región militar alzada. Con un estilo documental próximo a «Bloody Sunday», de Greengrass o a la oscarizada «En tierra hostil», de Bigelow, el director describe con ritmo ágil y preciso las 18 horas de máxima tensión. Los personajes se suceden rápidamente y distintos golpes se muestran intentando coordinarse. La trama civil, que no fue juzgada no aparece, pero se le escucha a través de su portavoz. El filme intercala imágenes documentales para situarnos en el contexto. Como preludio, señala el enfrentamiento público entre el vicepresidente para la Defensa, Gutiérrez Mellado, y el capitán de navío Camilo Menéndez: la disciplina frente al honor. Una reconstrucción verosímil mantiene al espectador en creciente tensión Los blindados marchan sobre Valencia y el estremecedor bando es leído ante los diputados. Se muestra la complejidad de los movimientos del general Armada y el pacto firmado sobre el capó. Impresiona la valentía de los periodistas que se negaron a someterse e informaron sobre el atentado contra la democracia jugándose la vida. Sobre como se detuvo el golpe, aún quedaran incógnitas para la reflexión. Quizá fue decisiva la voluntad irreductible de una generación que creía en su propio futuro. Después de tres décadas, el cine levanta acta, muestra lo más importante y propone el análisis sereno. Roto el silencio, ahora vendrán otros títulos, pero «23-F. La película» será siempre el primero.

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