J.J.G. Roy
A las ocho de la tarde del pasado jueves nos congregábamos en la sala del Club Diario Levante cual feligreses esperando la liturgia musical a que nos tiene acostumbrados el conjunto liderado por el músico francés Daniel Kientzy. La sala había sido equipada con un sistema envolvente de nueve altavoces perfectamente gestionados por Reina Portuondo (sonidista) y el escenario se lo repartieron el propio Kientzy (saxofones) y Cornelia Petriou (viola). El concierto estuvo patrocinado por el Ministerio de la Cultura y de los Cultos de Rumanía para el XIV Festival Punto de Encuentro de la AMEE.
La primera parte estuvo formada por cuatro obras de autores rumanos de prestigio y la segunda fueron novedades que el grupo está presentando en una pequeña gira española. Abrió la noche Intranda des Euménides (Aurel Stroe), una pieza directa y bien dibujada, con Kientzy interpretando dos saxofones al mismo tiempo. Continuó Reina (Doina Rotaru), para saxo soprano y cinta electrónica; una obra serpenteante, sibilina, de deslizamientos electrónicos y enormes espacios geográficos donde pudimos disfrutar del gran trabajo realizado en la electrónica. Pulsions en Souffle Continu (Anatol Vieru) para saxo alto y electrónica fue una descarga breve y precisa, de emociones contenidas y perfección milimétrica. Kientzy es un maestro perfeccionista, que cuida los conciertos hasta el último detalle: sonido limpio y transparente, micrófonos ocultos o disimulados, meticulosa elección de obras. Es un investigador incansable y descubridor de nuevas técnicas que presenta siempre con naturalidad y calidez interpretativa.
La pieza que cerró la primera parte fue Saxtraces (Calin Ioachimescu), para saxofones, cinta y electrónica; una obra fragmentada y desafiante, exigente y virtuosista, de electrónica profunda y oscilante. Después de una pausa para asimilar este evangelio de los metales, el concierto se reanudó con L´ombre Double (Costin Miereanu), para saxofones, viola cinta y electrónica. Se trataba de una composición freática, iterativa, que nos condujo desde el magma tectónico hasta alguna de las bocas de fuego de la vieja Europa. (b)pa(ch)ganinialtojeu (Fred Popovici) para viola, cinta y electrónica apareció atrevida, punzante y emocionalmente compleja, con una Cornelia Petriou muy comprometida con la obra.
La penúltima pieza, Nr. 273,16 - Intersections (Maia Ciobanu) para saxofones, viola, cinta y electrónica, presentó un aspecto novedoso en cuanto a su rotundidad y profundidad cavernosa, de miedos inconfesables y fantasmas del pasado. En realidad, es una obra deudora de ciertos lenguajes descriptivos. Terminó el concierto del mismo modo que empezó: una obra directa, de tonos ocres y atardeceres cubiertos de polvo de arena. Penitence et Antropologie (Adina Dumitrescu) para saxofones, viola, cinta y electrónica, posee la majestuosidad de las composiciones repletas de memoria, serenidad y corrección.