J.J.G. Roy
El último concierto del Festival Punto de Encuentro supuso una inesperada decepción tras el buen nivel general de las obras presentadas en jornadas anteriores. El encuentro estuvo patrocinado por la fundación privada Phonos, fundada por Andrés Lewin-Richter, quien presentó una obra y estuvo a la electrónica del concierto. Esta fundación, pionera en España y ahora en estrecha colaboración con la IUA UPF promueve la utilización de medios electrónicos e informáticos en la creación e interpretación musical.
Tal vez fueron programados demasiados cadáveres musicales, por esa imponderable obligación de devolver favores que se crea alrededor de estos eventos. Y una interpretación a cargo de Carlos Gil a los trombones, poco comprometida, tampoco ayudó a levantar un concierto condenado al fracaso desde los despachos.
Las obras, de escaso rigor contemporáneo, parecían haber sido compuestas por autores rescatados de un oscuro pasado cultural; repletas de clichés, de desarrollos inconsistentes, de languidez temática, de safaris en parques cerrados, y llevadas al directo con poca fortuna y menor interés.
Esta es, sin duda, la electroacústica que la audiencia, especialmente la no iniciada, no quiere escuchar; una electroacústica que en otros tiempos fuera vanguardia, pero que, a día de hoy, carece de sentido y ha perdido la confianza del público; y lo que es peor, de las nuevas generaciones de compositores.