María Tomás, Valencia
El control mental es una potente herramienta para practicar una vida en paz en un mundo donde todo es urgente, hay estrés, escepticismo y mucho sufrimiento. Una herramienta, la meditación, al alcance de todo el mundo, que permite centrar la mente, conectarla con el cuerpo y el universo, limpiarla del ruido externo, evitar la contaminación (la ira, agitación?) que los pensamientos negativos generan y que se trasladan al cuerpo y aprender un arte para vivir, también para contagiarlo.
De estas cuestiones hablaba en el Club Diario Levante el psiquiatra Paul R. Fleishman, a la sazón, profesor de Vipassana, una técnica antigua de meditación que se remonta a Buda y cuya esencia consiste en observar la naturaleza tal como es, no como parece ser, observando la realidad interna, para interactuar después con el entorno. Sería algo así como empezar a cambiar uno mismo, escuchándose mejor, para cambiar el mundo. Porque si de algo venía a hablar Fleishman era de cómo cultivar esa paz interior y qué se consigue con ello. Sólo así podrá lograrse la paz en un mundo que está en guerra y que hace de la agresión un dudoso modelo de relación. «Todos nos enfrentamos al problema del sufrimiento, es una enfermedad universal que requiere un remedio universal», afirma el maestro de Fleishman, S.N. Goenka. «Una mente pura siempre está llena de amor desinteresado hacia los demás;de compasión hacia el sufrimiento y las faltas ajenas; de alegría al ver triunfos y felicidad de otros; llena de ecuanimidad en cualquier situación».
«No se trata de una religión, ni de una ideología o un dogma. Es una forma secular inteligente», añadía Fleishman. «Vipassana no es lo mismo que el budismo». Es una experiencia personal que propone un cambio emocional a través de la meditación, que supone la integración del cuerpo y la mente en la observación de los sentidos, empezando por la observación de la respiración. «Todos los humanos tienen mecanismos para registrar la luz o los sonidos. El ser humano tiene también otro órgano para registrar las ondas de la paz interior presente en el universo: la integración de cuerpo y mente».
Fleishman acudía a hablar de la Vipassana como uno de los discípulos formados por su maestro, S.N. Goenka, que a su vez aprendió de Sayagyi Y Ba Khin, de Birmania. «Espero que lo que diga os ayude a vivir una vida más feliz», decía tras una presentación a cargo de la psiquiatra Concha Pastor, que aseguró que los libros de Fleishman Cultivando la paz interior, Karma y caos o Aspectos espirituales de la práctica psiquiátrica son «una enciclopedia de psiquiatría sobre enfermedades sicosomáticas».
La reacción bioquímica
No es casualidad. Ya lo decía Buda hace 2.500 años. Todas las contaminaciones mentales generan algún tipo de sensación en el cuerpo. «Cuando la mente se altera ocurren dos cosas: la respiración pierde su ritmo normal y se inicia una reacción bioquímica». Ayudar a controlar, por ejemplo, la ira con la técnica de la autobservación, es una de las claves. Experimentar la ausencia de ruido mental, la calma, otra «para la autopurificación».
Lo que propone Fleishman es propiciar una experiencia personal que permita dirigir la atención de la mente, practicar la observación del cuerpo para controlar las reacciones ciegas y provocar un cambio de conducta para tomar «el camino de la liberación, que es universal». «Mucha gente encuentra en sus tradiciones cómo vivir con esta paz. Todos las civilizaciones vuelven a las cuestiones eternas y las respuestas son comunes en todos. Sólo cambian los lenguajes».
Meditar en media hora
El psiquiatra hablaba de la Vipassana como la aprendió de Goenka, un maestro que se niega a dar clases que enseñan a meditar en media hora. La fórmula tradicional propone que los alumnos practiquen diez días durante todo el día respetando el silencio «verbal y mental. No es nada místico. Te recluyes, te concentras en la respiración y ves cómo se altera tu interior, cómo las pesadas maletas que todos llevamos se presentan tentadoras en la mente y cómo aprendes a convivir con ellas, a observarlas, para después dejarlas». La técnica consiste en desplazar la atención a la respiración, estar alerta a las sensaciones del cuerpo, tomar conciencia, y practicar el desapego de esos pensamientos; revertirlos.
Según Fleishman se produce un cambio de emociones «que llena de amor y paz tu interior para que los puedas transmitir». Armonía con el entorno y con uno mismo para seguir el camino diario sin separarse de uno mismo. Además, Fleishman señalaba que la enseñanza es gratuita. «No es algo que puedas comprar en una tienda. La meditación se transmite de un amigo a otro».