Rodrigo Plá, cineasta mejicano nacido en Uruguay, nieto de español, sorprende por la madurez de su opera prima La zona. El joven urumex, así se autodefine, domina la técnica cinematográfica como Del Toro o como González Iñarritu, pero Plá va más allá de su propia eficacia narrativa y se aventura en el análisis de un problema sin solución aparente: la violencia en Méjico. Una grave pandemia que dura décadas y para la que no se encuentra remedio posible. Hace poco Giuliani, el ex alcalde de Nueva York, propuso como solución en un esperado informe acabar con la corrupción. Los mejicanos concluyeron que para esa conclusión no hacía falta informe.
La aguda mirada de Plá nos muestra dos mundos separados por una imponente muralla con alambre de espinos. Un ladrón adolescente quiere escapar de la fortaleza pero eso es imposible, la cámara describe la cacería humana descendiendo hasta lo más bajo de las pasiones. La ferocidad acecha, la corrupción se impone y todos son apresados por el miedo. Según el film, en el epicentro de la catástrofe está el miedo. Una secuencia de persecución en las cloacas rinde homenaje a Víctor Hugo y Los miserables. La división social aparece con todas sus fronteras, de clase, culturales y étnicas.
La zona es un thriller social lúcido contenido y veraz que propone cambiar la muralla de cemento por otra de brazos entrelazados. Como la que cantaba el poeta caribeño Nicolás Guillen: «juntando todas las manos / los negros sus manos negras / los blancos sus blancas manos».