M.T., Valencia
El II Festival de Cine, Paz y Derechos Humanos de Valencia que organiza la Fundación por la Justicia bebe de la Fundación Gandhiji, una asociación cultural que intenta contribuir a la erradicación de la pobreza y la igualdad mediante el arte y las acciones que afecten preferentemente a jóvenes y mujeres.
Una de sus voces audibles es la de Concha Pino, Premio Europeo de Derechos Humanos que, en su intervención se preguntaba: «Luces, cámara, pero ¿dónde está la acción?, el motor para cambiar esta sociedad. Una reflexión en referencia a la responsabilidad de cada individuo para actuar desde lo pequeño. Una herramienta, en su opinión, «la más fuerte contra el sistema de perversión consumista» es actuar donde cada individuo tiene posibilidad: su propio consumo. «No comprar productos que sabemos que soportan guerras a empresas que venden armas, trafican con niños o construyen juguetes-bombas? hay que publicar las listas», decía. «Una forma de cambiar la historia es consumir menos y vivir más».
Pino hacía hincapié en una sociedad civil «más crítica y consciente» que puede ser capaz de «hundir estas empresas y hacer muchas cosas. Usar nuestra libertad en nombre de los que no la tienen, como cineastas, creadores, o como amas de casa, cada uno en lo que sepa hacer, sabiendo con qué llenamos el carro de la compra, qué tipo de películas hacemos o vemos. Tenemos la responsabilidad de apreciar el potencial de la vida en un país democrático y ejercer los canales de la paz y la justicia».
Activista incansable, Pino también tenía palabras críticas para esa industria del cine que obtiene beneficios «de mandarnos contínuamente a la guerra con películas que crean el pánico hablando de la destrucción del planeta». En su reflexión se preguntaba «cómo podemos ser tan crueles de necesitar ver esas imágenes. Y qué tiene el cine que aportar a la sociedad. ¿es necesario que hagamos películas duras para que las cosas cambien? ¿no podemos contar el milagro de la vida desde otras fórmulas?». Si bien, consideraba que el cine es dual. «Cada vez hay más profesionales que toman riesgo y compromiso político». En su opinión, «no hay que confundir una buena obra fílmica con una buena causa. Ni una supuesta obra causa». Así, también llamaba a los espectadores, «a ser más reflexivos con lo que vemos y saber a qué intereses obedecen». Se trata de «defender nuestros derechos visuales, entre comillas. El derecho a no ver siempre lo peor del mundo».