María Tomás, Valencia
Los patrocinadores y creadores de l´Aula d´Altres Músiques se reunían ayer en el Instituto Valenciano de la Música (IVM) para presentar la undécima edición de un festival que comienza esta tarde en el Club Diario Levante con el concierto de txalaparta, Ttukunak, a cargo de Sara y Maika Gómez, dos hermanas gemelas de Euskadi, de donde traen la técnica ancestral para extraer ritmos y sonidos a la madera, el hierro y la pizarra.
El director del festival, Pep Llopis, presentaba una edición que «a pesar de estar en un año difícil, ha logrado ofrecer de forma altruista -las actividades son de acceso gratuito- cuatro conciertos, una master class y la presentación de dos CDs» con el añadido de que la muestra sonora se diversifica hasta en cinco sedes de Valencia: el Club, el Institut Valencià d´Art Modern (IVAM), el IVM, la Sgae y la Sala Clemente Pianos.
La idea es invadir la ciudad con las nuevas músicas, porque, en opinión de Llopis, «son las músicas de investigación las que abren nuevos caminos, en parte incómodos al sentimiento actual, aunque después siempre hay un trasvase hacia lo comercial. Son músicas tremendamente contemporáneas que proponen la hibridación de texturas sonoras ancestrales y actuales que nada tienen que ver con aquello a lo que tenemos acostumbrado el oido: la música consonante y funcional».
De ahí que una propuesta de este riesgo se considerara «un logro. Que después de once años sigamos aquí los tres iniciadores de esta aventura», decía en referencia a Josep Lluís Galiana (Club), Juan Antonio Martín (Sgae) y él mismo. Llopis se felicitaba porque l´Aula «continúa fiel a sí misma con la divulgación de nuevas propuestas sonoras» donde destacaba «el criterio, la dignidad, el rigor y el alto nivel interpretativo y creativo». Y desde que el IVM se erige como patrocinador, «desde su misma creación y con el mejor espíritu», como decía Inmaculada Tomás, no sólo apoya el festival económicamente. También incluye el encargo de nuevas creaciones sonoras que permiten dejar constancia de los trabajos a la vanguardia. El de este año, el encargo es a Josep Lluís Galiana para dirigir al Ensemble Impromptu y recuperar las BSO que acompañaban el cine mudo. En este caso, para Nanouk el esquimal. «Una forma de adherirse al movimiento mundial de compositores que juegan en interacción con la imagen», decía Galiana. El festival «crea un espacio para la música que no entra en el circuito comercial. Música de investigación que ofrece sonidos de forma didáctica, a veces, sin melodía presente», decía Martin. Una música alternativa que viaja desde la improvisación libre a la música étnica de mestizaje y que Javier Clemente, de Clemente Pianos, animaba a conocer «porque nos enriquece a todos».