M. Tomás, Valencia
Cómo llenar el vacío que deja un hijo y sobreponerse a la tragedia lo ha demostrado con creces la familia de Carolina Torres Palero. Sus padres, Javier y Lydia, y su hermana Cristina decidieron hace cinco años instaurar unos galardones en homenaje y recuerdo a Carolina y su amiga Mar, dos jóvenes que encontraron la muerte demasiado pronto «por culpa de un bebedor que excedía cualquier límite racional de velocidad en ciudad», como recordaba Javier Torres en una emocionada presentación en el Club Diario Levante.
Sus palabras abrían la V edición de los premios de la Fundación Carolina Torres Palero. Pero antes de los reconocimientos, y por razones obvias, Javier Torres se detuvo a comentar el Premio de la Concordia de este año, entregado a la Asociación Stop Accidentes. Una ONG cuya finalidad es ayudar a los afectados por accidentes de tráfico movilizando a la sociedad con actividades contra la violencia vial. «Una forma de solidaridad, compromiso y un acto de rebeldía ante la pasividad de una sociedad que califica la muerte de tantos inocentes como de accidente. Muertes que, además, acaban en el olvido y la indiferencia o son consideradas un número estadístico».
La Fundación premia a Stop Accidentes «porque denuncia, a la vez que pretende cambiar comportamientos, con el fin de reducir la tragedia vial en nuestras calles y carreteras». Ésta es la razón por la que Torres alababa la modificación de la ley que endurece las penas para quienes conducen bajo los efectos de las drogas y el alcohol y por conducir a una velocidad excesiva con penas que pueden ser de cárcel.
Con la fuerza de quien ha vivido en carne propia la desgracia de perder a un ser querido, Javier Torres criticaba «por bochornoso a los que quieren hacer política con las víctimas» y señalaba a todo un ex presidente, José María Aznar, que «hace objeción de conciencia por el hecho de que esa ley ha sido promulgada por un partido distinto a su forma de pensar». Torres se refería a sus chistes «incitando a beber y a conducir y despreciando las campañas de prevención», lo que consideraba una falta de respeto y una insensatez. Porque «nadie puede conducir por ti», decía y asimilaba las muertes por tráfico a un tipo de virus para explicar que éste campa a sus anchas por nuestra ciudad, pero con una particularidad, «que depende de nosotros, de nuestro comportamiento, que esta plaga no se extienda». Hoy las muertes por tráfico son la primera causa de mortalidad en la población joven de este país. Sólo en 2006 murieron una media de 11 personas al día por culpa del tráfico.
Mientras, la Fundación Carolina Torres se mantiene como una iniciativa que, de forma desinteresada, reconoce trayectorias artísticas y humanas de los profesionales que se dedican a la escena, el audiovisual y la literatura; «personas y entidades que han sabido ilusionarnos con su trabajo llevando un halo de esperanza a mucha gente que lo necesita». La entidad, además, este año ha logrado poner en marcha un centro cultural «para que la creatividad tenga un referente. Lo hemos conseguido, y sin ayuda de la Administración, lo que nos llena de orgullo. Pensamos que para hacer cosas debemos ir hacia adelante, sin titubeos, sin esperar nada a cambio, con las ideas claras en nuestros objetivos y llevando el espíritu joven, creativo y generoso de Carolina», decía su padre.