En "14Km", Gerardo Olivares nos relata lo que el espectador no conoce. Estamos habituados a ver en la pequeña pantalla los rostros demacrados de los inmigrantes clandestinos interceptados al final de su travesía. Pero no sabemos cómo han llegado hasta allí ni cómo ha sido su gran trayecto. Cómo han tenido que recaudar la fortuna necesaria para pagar a las mafias y su viaje hacinados como animales. Cruzar el desierto puede ser más peligroso que atravesar un mar embravecido. Los que agotados por el cansancio se caen del camión por la noche tienen la muerte segura y los que pierden el rumbo también. Son cientos los que desaparecen cada año intentando cruzar Gibraltar, el desierto mexicano de Sonora o el Atlántico para llegar a Florida. Olivares es respetuoso con el espectador. Su relato es moderado y aunque la descripción es detallada no extrema la dureza de los episodios.
El cine ya ha registrado la angustia de estos Ulises contemporáneos en su trágica Odisea. Hay tres títulos importantes: "Said" (1998), del valenciano Llorenç Soler, sobre la tragedia de la clandestinidad de los que consiguen pasar los controles; "Cartas de Alou" (1990), un film de Montxo Armendáriz que alertó sobre las condiciones precarias de la vida de la población inmigrada que empezaba a llegar a nuestro país, y "Verja" (2002), un vigoroso corto de Alfonso Ungría, que nos contagia la angustia del perseguido con una arrebatadora fusión de imágenes, jadeos y percusión étnica.
"14Km" converge con esta trilogía para completar un ciclo que se hace imprescindible de ser conocido. Quizá gracias a él algún día el infranqueable abismo que separa dos mundos sea allanado. Y un cartel hoy imposible dejará de ser un sueño: "Pase sin llamar".