María Tomás, Río de Janeiro.
enviada especial
El piso número 22 del hotel carioca que acoge a los invitados del IV Festival Hispano-Brasileiro ha hecho esta semana las veces de una oficina privilegiada con vistas al Cristo de Corcovado de Rio de Janeiro. Desde tales alturas se han celebrado los one to one: las reuniones personalizadas de los profesionales del audiovisual valencianos y latinoamericanos que acuden a esta muestra cinematográfica donde se combina la triple condición de la exhibición de películas de ambos lados del Atlántico, el debate y la puesta en común de las respectivas políticas audiovisuales y sus dificultades pendientes de resolver, así como un mercado donde los proyectos de coproducción empiezan a hacerse posibles. Y, a juzgar por el buen momento político y comercial que existe ahora mismo en Brasil, y la energía con que se vive en Rio de Janeiro, con posibilidades de éxito.
Antonio Mansilla, productor y distribuidor de Sorolla Films; Vicent Tamarit, realizador y productor de AraVorem!TV; Oscar Guisoni, responsable del área documental de Nadie es Perfecto, y Francesc Fenollosa, productor de Tatzen, S. L. y co director del Festival Premis Tirant, la contraparte valenciana de este festival brasileño, se reunían ayer con más de una veintena de productores de Rio de Janeiro y Sao Paulo para propiciar proyectos conjuntos. También, dos de las películas ganadoras en los IX Premis Tirant, Faltas leves, de Jaume Bayarri y Manuel Valls, y Las alas de la vida, de Antoni Canet, se han proyectado dentro de esta muestra en competición. El cine se concibe aquí como un elemento integrador de culturas y fortalecedor de negocios.
En los días anteriores, las negociaciones se han desarrollado también con los responsables de las televisiones cariocas, en concreto con Orlando Senna, director ejecutivo de la Empresa Brasil de Comunicaçâo, la primera televisión pública de Brasil, diseñada por Lula da Silva y que ha comenzado sus emisiones coincidiendo con el festival, y con Carlos Eduardo Rodrigues, director de Globo filmes, del grupo Rede Globo, la productora de televisión más potente de Brasil (y una de las de mayor proyección mundial), que ha expresado su deseo de hacer frente a este desafío e «invertir en la circulación de bienes internacionales para televisión y cine». No en vano, Antonio Mansilla señalaba el papel fundamental de las televisiones para hacer de motor y difusor, para popularizar historias e intérpretes como medio para llegar al espectador. La experiencia demuestra que la decisión de ver una película depende de que los actores sean conocidos o que el filme haya tenido una trayectoria publicitada. «La alianza con la televisión es fundamental para sortear todas las dificultades», añade Tamarit. Un medio que se erige como el mayor formador de públicos y en la única ventana que puede facilitar contenidos al resto de formatos (cine, Internet?)
Mientras, Orlando Senna hablaba del interés del gobierno brasileño de crear una televisión pública que refleje el entorno latinoamericano y se refuerce con la mirada internacionalizada.«El Estado debe tutorar para el equilibrio y distribuir de una manera republicana para dar fuerza a las nuevas generaciones de cineastas», afirmaba.
Acuerdos entre cineastas
Los cineastas valencianos también han podido acordar el intercambio de películas para su distribución en ambos países, lo que quiere decir que películas valencianas y españolas podrán ser comercializadas en el país latinoamericano y viceversa, que los filmes con factura brasileña podrán llegar a los espectadores valencianos. Una importante ampliación del mercado, una oportunidad de incrementar negocio. Y, como señalaba Senna, «una invitación a explorar los límites de nuestras propias referencias culturales, trascender la distancia y compartir las diferentes miradas, las formas de ver la realidad para interpretar el pasado y repensar el futuro».
También han sido muy fructíferas las relaciones entre directores y productores que, gracias al contacto personal que propicia el festival, han podido generar confianzas y sentar bases para la realización de futuras coproducciones entre ambos países, la filmación de historias conjuntas como la fórmula que mejor responde a esa necesidad expresada por la directora del certamen, la cineasta Isa Albuquerque, de «unirse para lograr una industria más fuerte que haga frente a la hegemonía del cine norteamercicano que impone una forma muy básica de contar historias» y que practica el dumping de forma violenta. El Festival de Cine Hispano-Brasileiro es un espacio de libertad que propicia «un universo más diverso y menos domesticado», afirma Albuquerque.
Momento propicio para Brasil
El momento es propicio. Brasil está viviendo un importante apoyo de sus políticas públicas con medidas concretas de incentivos fiscales para las inversiones audiovisuales, ayudas a la distribución, la promoción, la digitalización, el doblaje y la financiación de coproducciones a través de Ancine, la Agência Nacional do Cinema, con medidas «como las que permiten el tratamiento de la obra audiovisual coproducida como una producción nacional», según apuntaba su representante, Angelisa Stein.
El productor valenciano Francesc Fenollosa explicaba que «España también ha incrementado las deducciones fiscales en inversiones audiovisuales del 5 al 18%, mientras que el Instituto Valenciano de Finanzas ha aprobado un convenio para la distribución de fondos públicos en la inversión audiovisual».
La política de apoyo se ha revelado, según todos los testimonios, como un impulso importante con resultados de eficiencia. Brasil está viviendo un crecimiento audiovisual en pleno y constante auge después de que en los años 90 sufriera una caída severa de su producción.