M. T., Valencia
«Hacer una película siempre es una aventura mental. La idea se transforma en materia, igual que cuando apagas un interruptor, la luz se transforma en memoria». Son palabras del cineasta J.A. Salgot, personaje donde los haya nacido en las montañas rocosas catalanas (un pueblo del Montseny, Aiguafreda) que, «excepto de polizonte en un petrolero, de agente de la KGB y cantautor, su verdadera vocación, según dice, ha ejercido prácticamente de casi todo. Jugador de cartas semi profesional, dibujante de cómics, prófugo en la mili, empresario, pintor de cuadros, de paredes, coleccionista de arte, novelista, fotógrafo publicitario, promotor de actos nocturnos, poeta inédito siempre, hippy ocasional, gamberro puro y duro, articulista o suplente de director».
Son sus referencias vitales que aparecen en la ficha de su película. Porque, eso si, un día se hizo director de cine con Serenata a la luz de la luna, Mater amantísima, Estación central y Dama de Porto Pim. Y si en algo parece creer Salgot, más allá de buscar la libertad con todos los límites impuestos por esta sociedad, es en esa magia que se obtiene del séptimo arte, aun cuando signifique caer rendido pero «con una sonrisa de tonto en los ojos y en la boca y las ganas renovadas de vivir en la antesala del cerebro». El cine, un lugar donde se respira libertad, al menos la creativa, aunque la contrapartida sea la soledad durante el proceso. Y en esa tesitura, el cine digital, según sus palabras, «es una joya porque te hace libre».
Salgot señalaba ayer que, con esta dedicación, «aspira a poder comunicar cosas, digamos a la gente que vive en la otra punta del mundo». Por eso, más allá de la taquilla, señalaba que la película debe ser buena, porque «ha sido seleccionada en un montón de festivales, desde Santa Bárbara (California) a Nueva York, Londres, Manchester, Camboya, y un circuito de universidades americanas especializadas en imagen».
Y es que el film cuenta con una estética muy personal de la que el director se hace responsable. Aunque también señala que «cuando ruedas tienes una idea exacta de cómo quieres que salga y al final se ajusta mucho a cómo ha acabado siendo la película». Por eso se refiere a la fe; a conseguir lo imposible; a perseguir la luz, «la del sol y la del cerebro, la inspiración»; a que «por soñar que no quede» y al agradecimiento a un equipo que entrega calor humano, seducido por razones personales en un film de no mucho presupuesto pero donde se rezuma intento de comprensión. Aun cuando, para el equipo actoral, haya sido un ejercicio «de lancha rápida», cuando los diálogos cambiaban minutos antes de rodar.